Postre borracho, un paso de moscato

Porque a este fiel ladero de la pizza bien le cabe la repostería, hoy presentamos el postre borracho, una dulzura subida de tono.

Si las bondades de nuestro viejo y querido moscato lo convierten en ideal compañero de la pizza y la fainá, ni le digo lo que queda para la hora de los postres. Así como el oporto y el mistela, el moscato también habría de tener su estelar papel en la repostería porteña.

 

En modo argento

Concebido en éstos pagos como descendiente del bizcocho borracho español, nuestro postre del día no podía dejar de tener sus matices nacionales. Empezando por el propio moscato, arraigado a nuestro paladar vinero como tanto numerosos legados de la vieja Italia, y continuando por el infaltable dulce de leche. ¿Que ya se le hizo agua la boca? Sin más preámbulos, tome nota de la receta

 

Paso a paso

  • 24 vainillas (dos paquetes de 12)
  • 1 ½ taza de moscato
  • 500 gr de dulce de leche
  • 250 gr de crema de leche
  • Esencia de vainilla (unas gotas)
  • Nueces y almendras molidas (a gusto)

 

En un recipiente, rebaje el moscato con un par de cucharadas de agua. Reserve. Mientras tanto, bata la crema a medio punto y, acto seguido, mézclela con el dulce de leche y la esencia de vainilla.

Disponga de una fuente y coloque en ella las vainillas previamente humedecidas en el moscato. Una vez cubierta la base, cubra con un tercio de la mezcla resultante entre la crema y el dulce de leche. Esparza las nueces y almendras molidas y vuelva a repetir la secuencia dos veces más.

Caso no quiera reiterar una tercera capa de frutos secos, puede coronar el postre con cacao en polvo. O bien, destinar los frutos secos únicamente para la cobertura. La elección es suya, así como las variantes del relleno.

Bien puede decidir colocar una capa de crema y otra de dulce de leche, sin mezclar ambos ingredientes en una única mezcla. En este caso puede, incluso, reemplazar a la crema por un postre de vainilla instantáneo o, por qué no, por crema pastelera.

Opciones sobran, y ganas de degustar la preparación, también. Eso sí, que la gula no le juegue una mala pasada: deje el postre en la heladera toda una noche, de modo que repose y, al día siguiente, se sienta más delicioso todavía. Si es que eso posible, claro…

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