Hotel Eden, caído del Paraíso

De hotel paradisíaco a búnker nazi, el hotel Eden es hoy la huella de un paso repleto de claroscuros. Pase y husmee en sus rincones.

Aún desconociendo de tildes, el hotel Eden fue un pasaje al Edén. O, al menos, mientras duró su estancia en el Paraíso. Expulsado de los cielos por la historia y sus vericuetos, el Eden luce hoy cual esquela del pasado; aunque con las cicatrices de la opulencia que tanto supo hacerlo brillar en La Falda cordobesa. ¿Se anima a transitar por los pasillos de su ayer? Después de usted.

 

Un Eden en la tierra

Con toda la pompa. Así abrió sus puertas el Eden, allá por el año 1899. Y se trató apenas de una perla del collar: un prometedor proyecto inmobiliario maquinado por dos visionarios alemanes. ¿O no tanto? El matrimonio de Walter e Ida Eichhorn adquirió las tierras al banco Tornquist para su posterior loteo y venta de parcelas a otros compatriotas. Sí, una movida ciertamente exitosa. Aunque la feliz pareja tenía entre manos un emprendimiento hotelero al que consideraban la gallina de los huevos de oro: el gran Eden. Y en el más literal de los sentidos: 100 habitaciones, 38 baños, amplios salones de estar y eventos, terrazas y jardines, un anfiteatro, pileta, canchas de tenis y cricket, granja y huerta propia, 18 hoyos de golf y, como si poco fuera, talleres y usina eléctrica in situ. ¿Vio que joyita?

 

Sí, mi Führer

El caso es que el Eden crecía y no paraba de crecer en notoriedad y prestigio, alcanzando su máximo esplendor en los años ’20. ¡Si hasta llegó a albergar a nobles europeos! Políticos y aristócratas argentinos, desde luego. Incluso, la célebre estancia de Albert Einstein también quedó registrada en sus libros. El caso fue que las arcas de recaudación del hotel Eden no se abrieron en pos de un buen destino: los Eichhorn gastaron buena parte de su fortuna para financiar el ascenso de Hitler al poder. ¡Con decirle que don Walter y el Führer mantuvieron larga y tendida correspondencia! La gratitud ante todo, ¿vio? De hecho, los Eichhorn nunca ocultaron sus intenciones de hacer de La Falda un reducto germánico…y nazi. De hecho, dicen que dicen, la usina eléctrica del Eden también alimentaba a una estación de radio clandestina que, en tiempos de guerra, enviaba información a Berlín.

 

Caída libre

Claro que, en la antesala de la paz, a poco de que culminara la Segunda Guerra Mundial, Argentina abandona su tan señalada neutralidad y declara la guerra a Japón y Alemania. Por lo que el escenario de los Eichhorn y compañía ya no fue el mejor. De modo que el Eden no pudo salvarse de los coletazos de tal postura. El hotel fue confiscado y, ya sin turistas ni nobles visitantes, no fueron otros que los diplomáticos nipones quienes, por confinamiento, acabaron habitando sus ambientes. Acabado ya el conflicto bélico, el Eden retronó a manos de sus propietarios; pero la historia ya no era la misma. Sin Führer, sin un partido activo, ya no había paraíso. Por lo que los Eichhorn no supieron que hacer con tamaño edificio. Sin opulencias, sin promesas, sin futuro alguno más que un pasado de condena, el hotel Eden se remató por deudas en 1953.

 

Y lo cierto es que por más propietarios que lo intentaran, el Eden ya nunca volvió a despegar de la tierra. La decadencia y el aura nazi fueron más fuertes, por lo que la década del ’60 marcó el cierre definitivo. El mojón de un Falda auspiciosa acabó devorado por su propia criatura: la ciudad creció junto con el olvido, los saqueos y el abandono. La protección que le otorgó el nombramiento de Monumento Histórico Municipal parece haber otorgado un manto de benevolencia a tan preciado patrimonio. Más de lo que no caben dudas es que al Eden y su memoria aún les resta un largo camino al cielo.

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