Carlitos Balá, un kilo y dos pancitos

Desde su ingenioso chupetómetro hasta cada frase que supo impregnar en la cotidianeidad popular, Carlitos Balá hizo camino y risa al andar.

 

Carlitos Balá, un kilo y dos pancitos. O todo lo que está bien. Porque nada mejor que referirnos a este entrañable artista –tan entrañable como la propia infancia, esa que a él nos remite– desde su propio decir. Así pues, como a esos años de la vida que siempre se recuerdan con ternura, Carlitos Balá sea tal vez esa parte de nuestra vida que nunca dejamos ir del todo. Sin distinción de edad. Y desde éstas líneas hacemos lo propio.

Balá nomás

Carlitos Balá fue Carlos Salima Baláa Boglich. ¿Difícil, verdad? También para él. Por lo que las primeras luces, o mejor dicho, voces de la fama, lo encontraron bajo el antifaz de un nuevo nombre: Carlitos Valdéz. Más no por vergüenza de sus raíces croatas libanesas, sino por pura precaución: no fuera a ser que sus padres lo retaran por participar en un concurso de radio, por hacerlo entonces a escondidas. Solo que el prometedor Carlitos resultó ganador, y destapada ya la olla, el cambio de nombre asomó como una buena idea. Ya no fue Valdez, pero sí Balá. A lo largo y ancho de todos los medios de comunicación, en las pantallas de todos los tamaños e incluso en el circo. Sí, Balá a secas. Así de simple y sencillo, como el humor que supo desparramar a troche y moche, como una marca registrada de su persona.

Nunca tan bien dichos

Primero fue La Telekermese Musical en Canal 7. Entre otros shows televisivos, llegaría pues a participar en Telecómicos, por Canal 9, no sin darse el lujo de pasar con su personaje de Jacobo Gómez por el dial de Radio Splendid. La lista es larga, pero el sueño del programa propio le llegó al fin en 1969. Sí, en Canal 9 una vez más, con Balmicima: un nuevo remedio para el mal humor. Carlitos Balá parecía haber anclado desde entonces su nombre a la TV. Más bien, su apellido: El clan de Balá, El soldado Balá, El flequillo de Balá. Balá siempre Balá, entre canciones, chistes y frases con su propio acento, con su propia tónica; de esas que quedaron en el colectivo, en el uso popular del día a día. “Más rápido que un bombero” su buen genio se introdujo en la charla cotidiana. “Pero escúcheme una situación, señor”, que no cualquiera es capaz de ganarse el corazón de chicos y grandes a entusiasmo igual, generación tras generación. Más bien, “quédese tranquilo y duerma sin frazada”, que si Carlitos Balá está por medio, hay sonrisa asegurada. “Ea ea pepé” –como oyó en su momento de una diariero rosarino– que hasta lo más simple se puede uno cuestionar. “¿Qué gusto tiene la sal?” preguntó a un chico en la marplatense playa de Las Toscas tras su nula respuesta a cerca de qué gusto tendría el mar. A lo que éste supo decirle, qué gusto va a tener la sal ¡salado! Y desde aquel verano de 1969, el público hizo lo propio: “¡salado!”

De re chupete

Para ese entonces Carlitos Balá ya había debutado en la pantalla grande, a mediados de los ’60, con una trilogía: Canuto Cañete, conscripto el siete; Canuto Cañete y los 40 ladrones y Canuto Cañete, detective privado. Sin embargo, en coincidencia con la gestación de esta frase célebre, los ’70 lo encontrarían encaminado en su mayor éxito: El Show de Carlitos Balá. Empezó a emitirse a comienzos de década y su permanencia en el aire alcanzó los 20 años. Infancia tras infancia, niños que poco a poco dejaban de serlo desligándose de uno de sus más preciados tesoros, siempre de difícil separación: el chupete. Pero he aquí el chupetómetro de Carlitos, donde arrojarlo y hacerse mayor, donde hacerlo en compañía de otr@s niñ@s. Donde tan simplemente se atrevían a hacerlo. Y vaya si se arrepintió don Balá de no haberlos contado. Si es que fueron tantos que “hubiera entrado en el Guinness. Habría aproximadamente dos, tres millones”. Vaya si fue misión cumplida… ¿Y qué otra cosa se presenta tan difícil para tod@ niñ@ que dejar el chupete? Quedarse quiet@. Y para ello Carlitos Balá también se las ingenió. Lo hizo de la mano de Angueto, su perro invisible, imaginado durante un viaje a Disney en el que encontró en un local de mascotas una correa rígida. Aquella que no podía más que responder a una mascota de puro aire, pero no por ello menos movediza: “¡Angueto, quedate quieto!”.

Pero que no lo hagan los recuerdos. Que no lo haga la memoria. Que nunca deje de evocar en ese decir del día a día, en esa sonrisa sana, todo cuanto Carlitos Balá no solo hizo, sino simplemente fue. L@s niñ@s que acaso tampoco nunca dejamos de ser. Aquí llegó Balá, Balá… Ya llegó. Como versaba la cortina de su show. Sí, pues de ninguna manera se ha ido. Pues nunca lo hará.

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