El tiempo es solo tardanza de lo que está por venir

Es dudosa la puntualidad argentina y se desafía constante el andar acompasado del reloj.

“En cinco minutos llego”, le decía el amigo al otro joven cuando ni siquiera había entrado a bañarse. ¿Mentira? ¿Impuntualidad? ¿O un hábito que no hace más que afirmar cierto tipo de “argentinidad”?

Hubo un tiempo en que los relojes andaban

Tal vez 20 años o quizás 30 años atrás, existió una generación para la que la puntualidad ni siquiera podía considerarse un valor porque era algo dado, establecido e incuestionable. 
Los turnos, las entrevistas y las citas se cumplían a rajatabla y hasta quizá se exageraba con una anticipación extrema al evento. Nadie cuestionaba el importante beneficio que el cumplimiento con el TIC-TAC de los relojes otorgaba y ¡pobre del que no se ajustaba a las implacables manecillas! Era un desacatado, un “cabeza fresca” y hasta un desordenado.

“El tiempo y la distancia ya no existen para mí”

Y de golpe, o más bien, como consecuencia de un proceso, la puntualidad comenzó a considerarse un valor, así como también una responsabilidad. Los premios por asistencia perfecta en el trabajo o en las escuelas, dan cuenta de una actitud que había dejado de ser común y que, entonces, se revaloriza. ¿Quiénes la revalorizan? Todos aquellos que a paso firme intentan sostenerla a sol y a sombra porque la siguen entendiendo como un signo inequívoco de respeto. Por otro lado, los impuntuales, quizás, influidos por épocas de represiones o quitas de libertades, intentan evadirse, esquivando los reglamentos horarios para hacer el propio camino, sin nada ni nadie les marque el paso.

El tiempo no para

Relojes marcando horas en todas partes; en la televisión, en el celular, las alarmas, no parecen ser imperativos suficientes para que bajemos finalmente la cabeza en calidad de adecuación. A gran parte de la población le molesta ajustarse a ese implacable tirano que es el tiempo; otros imploran con las consabidas frases “sean puntuales” o “en punto por favor”; sin embargo para muchos sigue siendo un vicio jugar a estirar los minutos al límite.

La impuntualidad argentina se ha convertido en una costumbre que puede ser un intento por vencer a ese león que trata de comernos. ¡Uf! Creí que llegaba tarde con este apunte pero, por suerte, lo terminé a tiempo.

FOTOTECA

RUBRICA

INSOLITO

  • Existe un refrán que dice: «Un minuto de puntualidad es un minuto de cordialidad».

BIBLIOGRAFIA

  •  La imagen tiempo, Giles Deleuze, Paidós, España, 2002.

PREGONERA

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