En la historia nacional, el ferrocarril ha llevado siempre la insignia inglesa. Pero… ¿si le decimos que también hubo un ferrocarril francés? Mejor dicho, los hubo. Pues el tendido férreo del país galo abrió sus ramales en los fértiles llanos nacionales. ¿El objetivo? Conectar lo hasta entonces incomunicado, aprovechando el alza de tráfico que auguraban tan fructíferas tierras. Y de paso cañazo, poner algún que otro palo en el riel del “monopolio” británico.
Quién da más…
Porque primero lo primero, bien vale decir que los inversores de turno no eran ningunos improvisados. Uno de los más importantes estuvo integrado por el banco de negocios Paribas y la compañía metalúrgica Fives Lille, con amplia trayectoria en la construcción de ferrocarriles en el viejo continente. Les siguió también la Société des Batignolles –firma metalúrgica– y un sindicato de financistas franco-belgas. Del primer dúo se fundaron dos compañías: La PCA –Compagnie française de chemins de fer argentins– y FCSF –Compagnie française de chemins de fer de Santa Fe–. ¿La diferencia? La PCA tenía en la mira el auge azucarero que atravesaba para fines del siglo XIX el Jardín de la República, por lo que buscaba conectar los pagos tucumanos con la provincia de Santa Fe. Más precisamente, con sus puertos. Y allí es donde aparece la FCSF, bien dispuesta a abrir el juego desde la localidad de San Cristóbal, ya en suelo santafesino, hacia los diferentes puntos de embarque.
Por su parte, el sindicato franco-belga fundó la GFCCSA –Compagnie du grand chemins de fer sud-américain–, yendo de la también santafesina ciudad de Reconquista rumbo a Formosa y Pilcomayo, en la región chaqueña. Mientras que la Société des Batignolles hizo lo propio con la FCNOA –Compagnie du grand chemins de fer du Nord-Ouest argentin–, conectando la puntana localidad de Villa Mercedes con La Rioja.
Claro que del dicho al hecho, y con las dificultades económicas del caso (el famoso “Pánico de 1890”, bajo la presidencia de Juárez Celman, que implicó una fuerte crisis bancaria) estas dos últimas apenas si pudieron construir un primer tramo del tendido proyectado, por lo que solo el primer dueto (Paribas-Fives Lille) pudo completar casi, casi, sus planes inversionistas al completo.
Abriendo juego
¿Y por Buenos Aires, cómo andábamos? En las tierras de las vacas gordas, los ingleses habían copado la parada ferroviaria. BA Great Southern y Argentina Great Western tenían la sartén por el mango: el monopolio era tal que hasta ellas mismas fijaban los precios. Por lo que el gobierno bonaerense decidió abrir el juego a la inversión francesa, la cual, aunque a los tumbos, pero más por factores nacionales que propios, habían sentado precedente en el interior del país. ¿El plan del para entonces gobernador Marcelino Ugarte? Impulsar una línea regional que, a fuerza de una mayor rentabilidad, mantuviera a raya a la competencia británica, pues la obligaría a bajar sus precios a la par de las de su nueva competidora. Así fue como, en 1905 la GCBA – Compagnie Genérale de chemins de fer dans la Province de Buenos Aires – obtuvo la concesión pertinente para desarrollar una troncha de 1000 mm (lo que se dice, angosta), destinada a transporte de carga y pasajer@s. Su extensión sería de 1.268 km, alcanzando un total de 107 estaciones y una inconmensurable injerencia en la fundación de colonias agrícolas. Porque usted ya sabe, donde hay un ferrocarril y una pulpería, nace la vida.
Por las ramas
¿Qué si la iniciativa tuvo el pulgar arriba de los provincianos? Por supuesto que sí, pues hasta los terratenientes, cansados de las tarifas estipuladas a gusto y piacere por los ingleses, estaban ansiosos por una alternativa. Y dado el crecimiento de la actividad agrícola que la Argentina experimentaba a principios de siglo XX (¡he aquí el granero del mundo!), los franceses tampoco quisieron perderse su parte de la torta. Por lo que la cosa no terminaría allí. Unos 3.000 km de extensión con tres ramales principales subirían la apuesta para conectar los puertos de La Plata, Punta Alta (Puerto Belgrano) y Rosario. Con cabecera en Buenos Aires, se proyectaba también una cuarta línea que terminase en General Villegas, en el noroeste de la provincia. ¿Los padres de tamaña criaturita? El ingeniero francés Gustave Le Brech, fallecido nada menos que en su “campo de laburo”. Fue allá por 1930, en la Santa Fe a cuyo mayor puerto logró llevar vías en 1908: Rosario. Podría decirse, a mitad de camino. Es que la ambiciosa obra se llevó a cabo entre 1906 y 1910. Cuatro ágiles años en lo que el ferrocarril francés fue posible gracias a la simultaneidad de puntos de trabajo. Y Ya para 1912 funcionaba como un relojito: carga y pasajer@s eran bienvenid@s.
Siempre estuvo cerca…
Sin dudas, Rosario fue LA estación. De allí que para 1908 ya estuviera lista, pues de ella partía la línea rumbo al Puerto Belgrano. Luego llegó el turno del ramal hacia Bahía Blanca, a cuyo puerto llegaban los vapores cargados con locomotoras, rieles y durmientes destinados a la obra, a la vez que las viviendas prefabricadas de los empleados. Como verá, la cosa iba del litoral al mar, sin que el puerto de Buenos Aires metiera sus narices en el asunto. Por lo que el ferrocarril francés supo dejar un tendal de ciudades y puertos a los lados de sus vías. De norte a sur, el oeste de la provincia era la porción productiva de territorio que el ferrocarril francés procuraba mantener bajo su servicio y custodia, lejos del acento inglés. Peeero, siempre hay un pero… Para empezar, los británicos establecieron tarifas competitivas con las que fue difícil pelear, a la vez que las muchas de las zonas que el ferrocarril francés transitaba comenzaban a desarrollarse de su mano. Por lo que la inversión no fue comepnsada con creces ni mucho menos. Para colmo de males, el inicio de la Primera Guerra Mundial obró de knock out, lo que marcó el definitivo final de las inversiones.
¿Y después, que? A fines de 1946, el gobierno nacional adquirió los activos de las empresas ferroviarias de capital francés en el país. Y en 1947 por decreto, se determinó su incorporación a la red de Administración de los Ferrocarriles del Estado. Finalmente, la nacionalización de la red de ferrocarriles argentinos de la mano del presi Juan Perón en 1948, el antiguo y diezmado ferrocarril francés de la provincia de Buenos Aires comenzó a formar parte del Ferrocarril General Belgrano. Algunas estaciones aún de pie recuerdan aquellos tiempos en que el traqueteo férreo erizaba la piel, la vida, casi que como una Marsellesa.