Guardería de árboles, una semilla al mundo

¿Sabía que germinando una semilla en un vaso puede ayudar al mundo? Así lo cuenta Guardería de árboles, una bocanada para el planeta.

 

¿Será que es posible hacer de un desierto un bosque? Sin ánimo de dudas, un grupo de estudiantes del sur de la India puso manos al desafío: crear una guardería de árboles. Y es que por encima de esta aparente “locura” hubo otra aún mayor, aquella que motorizó cruzar todas las barreras de lo posible: hacerlo por Sudamérica. Sí, desde la India, con amor. Y mucha pero mucha conciencia.

Desde muy lejos

Porque si hemos de copiar iniciativas, que sean de las buenas. Y así lo entendió el argentino Walter Trusoni, abogado ambientalista y docente en la Maestría en Tecnologías Urbanas Sostenibles de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Sobre todo, porque en uno de sus viajes solidarios a la India no fue sino el propio Walter quien encendió la mecha de tan locuaz fuego. El mismo que, desde entonces, busca propagar en cada corazón en pos de un mundo más sano y sostenible para tod@s. Claro que fue preciso algo más del otro lado, un sentimiento tan inflamable al corazón como lo es la empatía. Corría entonces el año 2017 cuando Walter visitó una escuela en el estado de Andra Pradesh. Para  que se haga una simple y contundente idea, un lugar donde las temperaturas oscilan entre los 45 y 50 grados. Y donde entonces, durante la visita de Walter, al no estar funcionando los paneles solares, faltaba nada menos que el recurso más preciado: el agua. En pos de dar una mano fue que Walter se reunió con las autoridades de la escuela en la sala de informática, allí donde l@s alumn@s se encontraban trabajando. Y, por fortuna, a oídos abiertos a la charla en que Walter comentaba a cerca de los incendios que venían asediando a Sudamérica. El final del día fue feliz, sí. El desperfecto fue reparado. Pero todavía faltaba lo mejor: la iniciativa por un bien mayor.

Efecto mariposa

El caso fue que la mano que Walter dio en la escuela recibió su manaza de vuelta. El proyecto “Guardería de árboles” de parte de los propios alumnos. ¿Qué si forestar la zona aliviaría el calor en los alrededores más inmediatos? Claro que sí. Pero l@s estudiantes pensaban más allá. Más allá de sus fronteras. Más allá del océano. Cual efecto mariposa, de orilla a orilla, pensaban ellos en ayudar a América Latina. Sí, con árboles plantados en vasos de plástico para dar vida a un manto verde que hoy en día rodea a la escuela; pero, por sobre todo, que aún desde allí, es un soplido de oxígeno fresco al mundo. Una bocanada de vida para un planeta Tierra que la pide a puro sofocón. Porque no importa dónde, un árbol sustituye otro árbol. Uno plantado por uno quemado. Así de empática la ecuación, latitudes afuera, por más que los números resulten imposibles de equiparar. ¿Realmente imposible? No tanto así mientras más y más se hicieran eco del nunca tan bien dicho, “llamado de Gaia”.

Corazonada

Si se estima un incremento mundial mínimo de 1,5 grados centígrados para finales de siglo (en 2020 y 2021 el Valle de la Muerte de California alcanzó la temperatura más alta del mundo al registrar 54,4 grados centígrados), vaya si vale la pena atender el llamado. Contrarrestar las 1850 megatoneladas de dióxido de carbono derivadas de las quemas a nivel global más no sea con una semilla, todo cuanto fue preciso para que la Guardería de árboles fuera una realidad. “De niño a niño, de maestro a maestro, de escuela a escuela… de corazón a corazón” asegura Walter. Quien alza la bandera de la causa desde el concepto de red. Porque “tod@s lo podemos hacer”. Desde estos pagos, la rama local de “Guardianes de Árboles”. Un proyecto que ya es mundial y que promueve la idea de la guardería de árboles para donar lo más vital de todo: el oxígeno. A la Tierra, a nosotr@s mism@s.

 

Así que vaya buscando su vasito parroquian@ amig@, que una semilla más otra semilla, serán capaces de germinar un mañana posible. Desde estos lares, estamos en ello.

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Un árbol de 30 metros de altura y un tronco de un metro y medio de diámetro en su base es capaz de producir unos 2.721 kilos de oxígeno. ¿Cuánto es eso? El suficiente para que dos personas respiren por un año. ¡Vaya si un árbol hace la diferencia!

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