Huella de carbono, tras el rastro crucial

Martín Aldiña, fundador de “Más oxígeno”, nos cuenta sobre la medición de la huella de carbono en la pulpería.

“Mes y medio, casi dos”, revela Martín Aldiña, fundador de “Más oxígeno”, al referirse a su tiempo de labor en la pulpería. ¿Y de qué va el asunto? Medir la huella de carbono, nada menos que el principal indicador de impacto ambiental. Y aunque aún en etapa inicial, el proceso va. Porque de vivir responsablemente para con la sociedad y el planeta que habitamos trata nuestro presente y futuro, la tarea se ofrece alentadora. Y porque nada mejor que pregonar con el ejemplo, empezamos por casa.

Bajo la lupa

Porque primero lo primero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de la “huella de carbono”? A los gases de efecto invernadero emitidos por un individuo, empresa, organización o similar. ¿Y cómo es que podemos hacernos conscientes de tales emisiones? Pues considerando todas las actividades que generen demanda de combustible fósil. Por lo que, para comenzar a analizar nuestra huella de carbono, es preciso poner todas las cartas sobre la mesa. “Nos encontramos en la primera etapa, en la de obtener toda la información necesaria de la pulpería, la materia prima a partir de la que obtener un buen cálculo”, afirma Martín. Palabras más, palabras menos, hurgar en el funcionamiento, entenderlo para aplicar luego el protocolo GHG (Green House Gases o Gases de Efecto Invernadero), metodología a partir de la cual contabilizar las emisiones.

Aguas arriba, aguas abajo

Sin embargo, la cosa no termina en las actividades que se producen dentro de la superficie que ocupa la pulpería; sino en sus acciones colaterales. Aquello que se considera operaciones “aguas arriba” y “aguas abajo”. ¿Cómo así? Vea usted, toda huella de carbono que se genere en el abastecimiento de la pulpería (como ser los alimentos que habremos de servir a su mesa) también es parte de nuestra responsabilidad, estando por encima de nuestro servicio –“aguas arriba”–. Mientras que toda acción de reparto o distribución de nuestra producción, así como el desplazamiento de empleados, por ejemplo, es algo cuyo impacto también nos incumbe, pues está supeditada a nuestra actividad  –“aguas abajo”–.

Balanceando

¿Y qué sucede cuando ya tenemos cabal noción de nuestro impacto? “Trabajar sobre líneas o acciones en pos de reducir el impacto”, asegura Martín, en tanto el trabajo codo a codo de “Más oxígeno” nos permitirá aplicar criterios en pos de disminuir la huella de carbono desde las iniciativas que sean precisas de acuerdo a los resultados arrojados. Y, en este sentido, el radio de acción es amplio. Pues además de reducir la producción propia, también es posible compensar al medio ambiente desde diferentes acciones que cooperen con el planeta, como ser la protección de determinada extensión de bosques, entre otras.

¿Vio por qué nada resulta más refrescante que nuestra limonada casera, servida con menta producida en nuestro techo verde? Para muestra un botón, parroquian@ amig@. No es que nos queramos echar flores por tal iniciativa, más bien es crear conciencia, abrir los ojos propios y ajenos, enseñar con el ejemplo que es posible aportar nuestro grano de arena con pequeños hábitos de consumo, y en ello contamos con su apoyo. ¡Sígannos los buenos! Por buena senda vamos…

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¿Gusta poner manos a la obra? Aquí, siete formas sencillas de mejorar el impacto ambiental: comprar localmente, reparar aquello que se rompe, reemplazar bolsas plásticas por bolsas de tela, alimentarse favoreciendo una dieta vegetal, privilegiar la caminata o bicicleta por sobre transporte motorizado siempre que sea posible, compostar los residuos orgánicos (ya le enseñamos cómo), separar los reciclables.

BIBLIOGRAFIA

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