Isenbeck, la rubia dorada

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Se dice que ningún otro país del mundo tiene tan larga tradición cervecera como Alemania. Y así lo entienden sus habitantes, quienes han convertido a la cerveza en un verdadero orgullo nacional. ¿Cómo no expandir entonces ese mítico sabor a los paladares del mundo entero? Así lo creyó posible la Warsteiner GmbH -empresa líder del mercado alemán y poseedora de Isenbeck- al decidirse a ampliar sus fronteras. Claro que no cualquier destino era el indicado para hacer honor la “engalanada” cerveza… ¿Dónde posicionar a la distinguida blonda casi como una figura de culto? La compañía encontró la respuesta y en 1994 instala su primera planta elaboradora fuera del territorio alemán. ¿Dónde? En Argentina. Más precisamente en Zárate, provincia de Buenos Aires.

Primereando el mercado

Isenbeck empieza a escribir su rica historia en la región de Westfalia, allá por 1769. Una señora de apellido Cramer comienza a fabricarla siguiendo una receta estipulada por ley. ¿Cómo es eso? Se trata de la Ley alemana sobre la Pureza de la Cerveza, del año 1516. La misma exigía utilizar solamente cuatro ingredientes: cebada de malta, lúpulo, levadura y agua. Es por ello que la rubia Isenbeck goza de una categorización superior: es una cerveza Premium. Y cuenta con ese galardón a escala local; la rubia es la primera cerveza Premium de nuestro país. Y para hacer honor a semejante condición ha recibido una aceptación altísima: es la segunda marca en ventas en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Además de tener un alcance nacional, concentrando alrededor de un 9% del mercado en todo el país.

Artificialidad cero

Ahora bien… ¿Cómo llegamos desde aquella primera fabricación artesanal a la expansión internacional? Lo cierto es que la señora Cramer decide vender el negocio a su yerno Albert Isenbeck, de quien se desprende el nombre actual. Claro que la marca iría cambiando de mando hasta caer –ya en el siglo XX- en manos del mencionado y reconocido grupo Warsteiner. Lo que sí ha permanecido inalterable es su composición, que supo traspasar fronteras y anclar en suelo argentino. Isenbeck se elabora utilizando sólo malta pura de cebada, lúpulo seleccionado, levadura criada en Alemania y agua; sin agregar ningún otro aditivo químico. ¿El resultado? Una bebida caracterizada por la pureza de sus ingredientes. ¡Tanto así es que no produce dolor de cabeza!

Con la medalla puesta

¿Puede una cerveza rubia ser más dorada aún? Claro que sí: en el año 2013 la cerveza argentina Isenbeck resulta ganadora del concurso «Monde Selection» de Bélgica. Allí recibió la cocarda de oro por ser considerada una de las mejores cervezas lager del mundo. La primera y única de industria nacional en recibir esta condecoración. ¿Qué tal? Puros aplausos para esta cerveza cristalina, espumosa y consistente.

Premios aparte, el desafío mayor ya fue aprobado por Isenbeck: conseguir que el exigente paladar argentino levante el pulgar a su inmejorable fórmula. Lo que, sin dudas, no resulta un detalle menor. ¡Salud!

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