Ya lo decía uno de sus jingles, de esos que se escuchaban cual hit radial: por algo será, que para lavar, está en todas partes: jabón Federal. Y con musiquita de fondo y todo, le decimos, he aquí uno de esos productos de industria nacional que bien difíciles son de olvidar. ¿Qué por qué tal guiño al Restaurador Juan Manuel de Rosas, a tres cuartos de siglo de su caída? Desconocemos. Pero de lo que sí no caben dudas, es que si algo el jabón Federal habría de restaurar desde su aparición, sería la limpieza que toda ropa se ufanaba en florear.
Con un pan bajo el brazo
Todo comenzó allá por 1917, cuando don Pascual Luis Florentino Delbene y su socio, Domingo Masiello, adquieren un terreno en los pagos de Villa Madero. Para ser más exactos, cruce entre las actuales avenidas Crovara y General Paz. Y no fue casual, pues eran tiempos en que por aquellas zonas uno encontraba fábricas a montones. Más precisamente, fábricas que hacían uso de sebo animal. Pues no olvide, de este lado del límite entre provincia y ciudad, Mataderos decía y dice presente. De allí que la dupla Delbene-Masiello no fue la excepción, y allí fue a la carga con su emprendimiento de jabones. Por cierto, aquel al que también se uniría don Vito Sabia y los hijos de ambos fundadores, ampliando así el directorio. Ahora bien, ¿Delbene hijo podía ser otro el mismísimo Floren Delbene, actor de cine y televisión argentino? ¡Claro que sí! Parecía entonces que el estrellato era cosa juzgada para el jabón Federal. A quien, bajo la firma La Nacional, le antecedieron el jabón “Batalla”, el mismísimo “Delbecia”, hasta sí, ya en 1929, la gran pegada gran… Un pan de 500 gramos que vaya si multiplicó fortuna. Porque si es jabón de lavar, es Federal señor@s.
Camino a la fama
La cosa es que quien le abrió, más que las puertas, el ventanal de la fama, fue la incansable labor de Vito Sabia. Busca que te busca, puso al jabón Federal en primera plana, en el boca a boca y más. La señora radio fue la primera en hacerle honores, reproduciendo sus publicidades, Luego, diarios y revistan hicieron su parte desde la gráfica. Y más que vía pública, lo del Federal –casi que dando honores a su nombre– fueron las rutas: un camión publicitario se encargó de recorrer pueblos y ciudades del país. ¿Una panfletada nacional? No, no. El camión del Federal llevaba mucho más que una marca a cuestas, pues en cada parada de su recorrido brindaba funciones de cine gratis a l@s poblador@s y visitantes de turno. ¿Qué tal? Pero don Vito y su buen genio aún se traían más entre manos. Ya no solo recurrir a la publicidad radial, sino tener espacios radiofónicos propios a partir de los que patrocinar programas y radioteatros. ¡Qué decir de las Noches de Gala de Federal! O de La Gran Pasión del Campeonato, al aire durante más de diez temporadas desde septiembre de 1940 en Radio Belgrano –para luego mudarse a radio Splendid–, de 12.30 a 13.30hs cada domingo. ¿Y de qué iba la cosa? Un radioteatro humorístico donde el fútbol era el gran protagonista, en voz de grandes figuras de la radiofonía. Y para quienes se quedaran con ganas de un bis, los jueves de 21 a 22hs los personajes comentaban la fecha pasada, meta chasco, gastada e ínfulas triunfantes para l@s ganador@s. ¡Mire si habrá llegado lejos la cosa que La Gran Pasión… se convirtió en historieta! Así como lo lee. La revista del Pato Donald se encargó de publicar cada “función” en versión comic.
Para la cartera de la dama…
Ahora bien, si a todo esto se está preguntando qué era entonces del jabón Federal propiamente dicho, mejor vaya sacando sus conclusiones cuando le contemos que la producción pasó de 35 a 40 toneladas a los dos años de su lanzamiento, nomás. Batacazo posible no solo debido a la intensa presencia mediática, sino también a la inversión en maquinaria importada. Pero aquí no termina el asunto, porque tanta pompa –si hablamos de jabón… ¡cuac!– no iría solo a ser en nombre de un jabón de lavar ropa. Así es como la cartera de productos de Delbene y compañía se amplió con rumbo cosmético. ¡Habemus jabón Manuelita! Y ojo que no hablamos de la de Puehuajó, sino de Manuelita de Rosas. Es que no podía caberle otro nombre a un producto hijo de “El Federal”. Vea usted si no los guiños del envoltorio: una dama con peinetón luciendo un vestido rojo. Sí, “el” vestido rojo con el que le hemos contado, otro amigo de la casa la inmortalizó a fino pincel: don Prilidiano Pueyrredón. A su lado, un caballero con chaleco rojo punzó…. Más claro, échele agua. Sí, definitivamente un “Producto Federal”, como versaba el dorso del papel que lo envolvía. ¿Y qué exactamente encontrábamos dentro? Una pastilla de jabón de 100 g en un inicio, para luego volverse más rendidora en sus versiones 150 y 200 g. las “súper pastilla” y “Pastillón” respectivamente. No vayamos a olvidar, la crema de afeitar Manuelita también fue de la partida, en potes de 50, 100 y 200 g.
Enjabonados
Producción, producción y más producción. Llegamos ya a los albores de los años ‘40 con el jabón Federal y sus subproductos en el cenit de popularidad. Solo que lo que también aumentaba era entonces el residuo que la producción implicaba. Y en este caso, un residuo para nada desechable. Ocurre que de las aguas residuales de la producción de jabón se obtiene la glicerina. ¿Y para qué se utiliza la glicerina, entre tantas otras cosas? Pues en aquellos tiempos bélicos, tanto para explosivos como para la industria de farmacia, por sobre todo. De hecho, Delbene y compañía exportaron glicerina nada menos que a Alemania, en tanto a dicho país es que adquirió nuevo equipamiento destinado a la destilación de sus aguas. Por lo que imaginará el brete en que se metió la firma… Tal fue el caso que no tardó en llegar ¿el apriete?, ¿la presión?, de parte de los Aliados al Gobierno Nacional para que prohibiera a la fábrica exportar glicerina al gobierno nazi. Y mire si tenía para tirar al techo, como diría nuestro amigo Macoco… Pues la empresa llegó a destilar nada menos que 3500 kilos de glicerina por día.
El enjuague final
Pero el alma máter del jabón Federal habría resistir el temblor, surfear la ola o como quiera llamarle. Y tras el dulce amargo, le llego la década del ’50. Y entonces un nuevo desafío. La tabla de lavar ropa comenzaba a quedar rezagada en el tiempo (¡mire si lo había anticipado ya nuestra Easy spindrier allá por los años ‘30!), y el lavarropas llegaba a su auge. Por lo que ni lenta ni rezagada, la empresa compró a los Estados Unidos la maquinaria para producir lo que todos imaginamos: jabón en polvo. Limpioral, aquel que vio la luz de los almacenes a principios de los ’60. Y con esto, díganos, ¿no siente usted ya un gustito a final? Pues paladéelo, nomás. Mientras empezamos por decirle, el gran Vito Sabia decidió retirarse de le firma en 1967, falleciendo al poco tiempo. Los ’70 llegarían con un cambio societario: Federal S.A. Y ya para 1987, Nuevo Federal S.A fue el último título con acento nacional de una firma que pasaría luego a manos de capitales extranjeros. Por si acaso, el edificio de porte colonial que se levantaba cual mojón, referente de aquella zona mitad ciudad, mitad provincia, en Crovara y General Paz, fue demolido en el año 2000, dejando puro descampado bajo su recuerdo.
Si es el preferido, por algo será. Si tanto lo imitan, por algo será. Por algo será, que para lavar, está en todas partes, jabón Federal. Y es una razón y es una verdad, cuando algo adquiere fama, como adquirió Federal, hummm…, ¡por algo será! Mientras nosotr@s no podemos dejar de cantar. Pues por algo será, en estos lares pulperos, unos cuantos panes de jabón Federal están más que listo pa’ usar.