Mucho gusto, su vecino…

Charlatanes, chusmas, solidarios, peleadores… Lejos de extinguirse, los vecinos copan nuestra vida diaria. Y los hay para todos los gustos.

Enarbolados en la altura de un edificio o arraigados en la profundidad de un PH. Tal vez, reducidos a la delgada distancia que establece una simple medianera. Sí, aunque no los veamos, los vecinos siempre están. Muchas veces, más de lo que quisiéramos. Y otras tantas, menos de lo que las circunstancias demandan. Arriba, abajo o en la puerta de enfrente: ¿Cómo no tenerlos presente? Testigos de nuestra vida diaria, estos personajes resultan tan cotidianos como la propia familia. Sí, con la única diferencia de que, lejos de elegirlos, caen cual peludo de regalo en nuestro habitual transcurrir. Y a dicha marcha se suman como auténticos compañeros. Verdaderos camaradas en las causas de espacio común.

¡Ascensoooor!

Presentes desde el piso 1 hasta el 7. Por qué no 15. En el “A” y el “B”, cuando la planta edilicia no regala también espacio para el “C”, “D” e incluso “E”. Toda una multitud que sube y baja a las mismas horas, demandando el codiciado ascensor en instantes coincidentes. Una especie de carrera silenciosa por apretar el botón primero y ganar la partida. Siempre y cuando una vecina pachorra no se entretenga charlando en algún piso con la puerta del elevador abierta. Tal vez, comentando aquella novedad que el resfriado aire y luz no alcanzó a estornudar desde sus profundidades. Sí, el dueño del patio del primer piso es receptor de toda cual catarsis propietarios e inquilinos se dispongan a echar en sus departamentos. Desde los desafinados acordes del incipiente vecino músico hasta las más acaloradas discusiones. Una auténtica delicia para las chusmas siempre presentes. Las mismas que, llegado el resumen de expensas, se encargan de examinar con lupa a los deudores de turno. ¡Claro que esas indiscreciones no se comentan! Un verdadero vecino tiene códigos…y una impecable habilidad para enterarse de todo sin entrometerse en nada. “¿El nuevo del 8º C? No, no lo conozco…Pero en algo raro anda. ¿Viste a qué horas llega?”. Sí, un breve viaje de la planta baja hasta el 4º piso es suficiente para chismear sobre los aconteceres de pisos superiores. Nunca falla.

Pasillo va, pasillo viene

Claro que esta historia de desconocidos perfectamente conocidos tiene su fecha de vencimiento. ¿Cuándo? Cada vez que la realidad apremia y la dura vida de departamento coloca a sus habitantes cara a cara, víctimas de un mal común: los tan temidos cortes de luz. Sí, los 30º de calor encuentran a los vecinos en plena peregrinación por las escaleras, echando una sonrisa irónica y circunstancial mientras suben con las bolsas del súper escalón por escalón. Solidaridad a la orden del día para la anciana que no está en estado de bajar 9 pisos, y entonces el del 2ºA le sube la compra sin chistar. Menos mal que el corte no es total y que una de las tres fases eléctricas del edificio aún provee de energía a algunos pisos. Los vecinos beneficiados la comparten sin dudar, invitando a que el resto conecte sus artefactos vitales mediante algún prolongador capaz de surcar las distancias entre un departamento y otro. “Usemos la energía responsablemente”, sentencia el encargado. Hasta que una vecina maniática de la limpieza conecta al prolongador su lavarropas de alto voltaje y al diablo con la escasa electricidad -hasta entonces- existente. “Y quien iba a ser sino la del 5ºB”. Infaltable.

En la misma vereda

Claro que no toda convivencia vecinal se reduce a las alturas. El vecino de la casa de al lado es un gamba total. Cero ruidos molestos. Sus constantes viajes de trabajo nos regalan tranquilidad absoluta; si no fuera porque antes de partir nos deja las llaves para regarle las plantas y alimentar al perro. ¿La recompensa? Un souvenir insignificante que agradecemos con todo nuestro esmero. El mismo que empleamos a la hora de elegir el obligado regalo de fin de año. Es que aunque su súper auto ocupe parte de nuestra vereda cada vez que es estacionado, somos vecinos. Buenos vecinos. Y, nobleza obliga, no queda más que regalarle nuestra mejor sonrisa cada mañana. Ni hablar de la gastadita de los lunes, cuando su equipo de fútbol pierde y entonces la venganza se convierte en un pequeño gran placer. Al fin de cuentas, como te quiero te aporreo. ¿Qué sería acaso de nuestras vidas sin los tan adorados vecinos? Ante la duda, dejamos a su criterio la respuesta.

FOTOTECA

RUBRICA

INSOLITO

  • La unión hace la fuerza. Y más aún si todos los vecinos se ponen de acuerdo en iniciativas de bien común. ¿Una sencilla pero eficaz? La colocación de una botella llena de bolsitas en la entrada del edificio, para invitar a que la gente levante la suciedad que su mascota pudiera dejar en la vereda. ¿Qué tal?

BIBLIOGRAFIA

  • Vecino, Vecina, Roger Mello, Sudamericana, Argentina, 2008.

PREGONERA

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