Andrej Razumovsky

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Con su color violeta muy pronunciado, el Syrah tiene cada vez más adeptos. Si bien siempre ha sido el vino de corte ideal para realzar la elegancia de una buena comida o reunión, hoy está cada vez más presente en las mesas argentinas. Aroma profundo a ciruelas, a violetas y a frutos rojos. Un sabor intenso, marcado, pero no invasivo. Alta gama a altura; a 950 metros estos magníficos viñedos de Luján de Cuyo nos entregan lo mejor que tienen: vino argentino. ¡Salud!

El frío ya se fue, y parece que la época de la glicina llegó para quedarse. Los árboles dejan salir todo lo que tienen dentro, y el viento te vuela las servilletas en el patio. Es momento de largas charlas con amigos, de acostarse más tarde, de sacar la silla a la vereda. Hay quienes dicen que en primavera todo se ve mejor; la gente se ve más feliz, se acerca el verano, va a terminar el año, es momento de soltar. Por eso, un buen Cabernet Sauvignon como éste, viene en el momento justo. Su firmeza y sus aromas, típicos de la uva de calidad de la región de Cuyo, lo hacen perfecto para degustar una pasta con estofado o un generoso sandwich de carne. Nada como un vino hecho de forma responsable, biodinámicamente y a 950 metros de altura para volar un poquito, ¿No?

 

Imagináte que tenés que invitarle un vino a alguien que no suele tomar vino. O a alguien que a veces prueba pero no se anima a hacerse habitué de un buen tinto. Esta es una excelente opción en ese caso, porque podes recomendar un vino que es típico de la variedad Merlot, fresco, equilibrado y suave. Un vino astringente, puro y lleno de vida. Tiene vuelo, a lo mejor porque se cosecha a 950 metros de altura, a lo mejor porque la tierra es la mejor del país para hacer vinos, a lo mejor porque el aroma de la ciruela se queda en la boca y no se va. Voy a preparar una pasta con salsa cuatro quesos, para terminar de regodearme con este elección que hice hoy. ¿Me acompañas?

Desconfiá de aquel parroquiano que no toma Malbec. Sólo alguna condición médica puede hacer que una persona argentina, de bien, digna, que se levanta todos los días porque sale el sol redondo y calienten en el cielo, no tome este magnífico vino que se cultiva en Mendoza. Y este Natal Malbec en particular, que no sólo se hace con pasión y amor, sino también con la última tecnología de vinificación, manteniendo al mínimo los sulfitos, y con empaque ecológico, bueno, qué te puedo decir. Que prendas el fuego, mejor,  porque ponemos unas achuras y nos van a tener que operar para sacarnos de la mesa.

Este que estás probando, parroquiano, es uno de los mejores vinos de nuestro país. No lo digo yo, eh, que tendré buen gusto pero soy solamente un tipo de campo; lo dice Andreas Larsson, un Sommelier Campeón del Mundo, que declaró en 2007 que este vino es uno de los 10 mejores del terruño vitivinícola. ¿Será porque se produce a 950 metros de altura? Ganó, ganó y se cansó de ganar la bodega con esta gallina de huevos de oro. Ganó la medalla de oro en el certamen Malbec al Mundo del año 2008; ganó medallas de plata, ganó competencias internacionales. Se convirtió en Messi, tenía la pelota dentro del pie, y con sus frutos del bosque, con su concentración, con su aroma bien intenso, con su largo final de boca, con todo eso, nos hizo ponernos orgullosos de la tierra que tenemos en Mendoza. Ay, Malbec...

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