Cepas Argentinas

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Bueno, Gancia ¡Qué puedo decir sobre esta bebida! Yo sólo soy un simple pulpero al que Gancia acompañó en su juventud. ¡Si habré vagado de boliche en boliches golpeando las barras y gritando sobre el ruido de fondo al cantinero: "¡Amigo! Un Gancia con vodka y limón! Luego, un poco más crecidito ya, lo tomé millones de veces batido con hielo. Y ahora en plena madurez -para no decir que estoy viejo- en las picadas antes del asadito. Eso sí, la actitud es siempre la misma: ¡Sirvame un Gancia, por favor!

El refrán dice “El que se fue sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, y este parece ser el caso del famoso y inigualable Amargo Obrero. En esta época de muchas vueltas, de mucho mambo e indecisión, está bueno apostar a lo seguro. Porque este aperitivo, vos sabés, nunca nos va a dejar de a pie. Ya mi abuelo lo tomaba, porque hace más de 125 años que nació esta bebida noble, noble como las luchas sindicales que lo alumbraron. Sí, ya en 1887 se tomaba este amargo fiel y argentino. Y su etiqueta nos cuenta un mito sabido hace años, contado de boca en boca; que la decisión de que su sabor fuera amargo era una forma de diferenciarse de los sectores más beneficiados que brindaban con aperitivos dulzones y empalagosos. Para alimentar aun más esa idea, se pensó esa imagen en su etiqueta: un puño cerrado, una hoz y un martillo. “El aperitivo del pueblo argentino” dice su leyenda, y tiene mucha razón. Porque claro, este vermú era el que tomaban los laburantes de las fábricas después de un día de ganarse el mango con sudor. Y se sabe, lo sabemos todos; nada más digno que trabajar de sol a sol, y reunirse todos a la salida para sentarse en una esquina, mirarse a las caras y brindar con un amargo argentino.