Hago mi vino

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Cuenta la tradición del nordeste de nuestro país que para alejar los "males" del invierno cada 1 de agosto hay que tomar un trago de grapa con ruda. Aconsejan tomarla en ayunas, pero se puede tomar durante todo el día porque no pierde su fuerza. Fondo de Azcuénaga elabora sus vinos con uvas de Mendoza. Los orujos resultantes son destilados para obtener una grapa artesanal muy aromática que hicieron macerar con hojas de ruda macho durante varios meses, como lo hacían los chamanes guaraníes para espantar los males y fortalecer el cuerpo bebiéndola el día de la Pachamama.

Este tempranillo tiene todo lo que un buen amigo debiera ser. Es franco en boca; muy interesante cuando es joven y aterciopelado cuando envejece. Es bastante amable, con notas de frutos rojos, chocolate y vainilla. Hasta acá, no necesito más amigos. Pero la cosa puede ponerse mejor. Debido a sus estupendas condiciones de acidez y color, es ideal para acompañar diversos tipos de platos, como pastas, pescados de río, embutidos y quesos suaves. Este tempranillo de Fondo de Azcuénaga es sin duda un gran compañero por el pulpero y los parroquianos.

¿Un pinot noir hecho en Argentina? Sí, sé que es poco común, aunque no por eso menos rico. Partamos por el principio, el nombre de esta uva deriva de las palabras francesas "pino" y "negro" respectivamente.  El término "pino" se debe a que el racimo de esta cepa tiene la forma de un cono de pino y su tono negro, que en realidad es rojo violáceo. Este vino de Fondo de Azcuénaga es ligero, aunque bien frutado a cereza y frambuesa. Es realmente excelente para maridar con un queso liviano o con una ensalada. ¡Es uno de los predilectos de la Pulpera! Y mirá si tiene gustos exquisitos ella.

Mientras me preparo para recibir amigos en casa, se me empieza a venir a la cabeza la idea de todo lo que significa este Cabernet de Fondo de Azcuénaga. Me empiezo a entusiasmar con su gusto profundo a manzanas verdes mientras ordeno las compras del supermercado. Voy ordenando el living y empiezo a imaginarme que lo destapo entre risas compañeras, y casi que le podría jurar, parroquiano, que siento en la punta de la nariz el perfume de morrón verde tan característico de esta cepa. Cuando me decido a cambiarme, se me ocurre la idea de mirar el Cabernet a través del vidrio de la botella, para distinguir su color morado y violáceo brillante. Como este vino no está filtrado, voy presintiendo, mientras musicalizo la velada, que voy a encontrar en mi copa pequeños diamantes en bruto, pequeños fragmentos llenos de sabor. Para cuando tocan el timbre, parroquiano, ya cruzo los dedos, ansioso, porque alguien me diga "¿Abrimos un vino?"

Este Bonarda Malbec es un vino legítimamente extraordinario. Este ejemplar, hecho con amor al terruño, simpleza y paciencia, sabe llenar la boca de cerezas, guindas y frambuesas. Tan atrapante resulta esta combinación de doble cepa sin aditivos, que uno debe saber estar en armonía al momento de destaparlo. No puede faltar en una reunión con amigos, tal vez degustando salsas suaves y queso de cabra. Una recomendación: Donde fuera que lo tomemos, la premisa es saborearlo tomándonos el tiempo que este bivarietal se merece.

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