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Vení, amiga, acompañame mientras pongo flores frescas en este florero del living. Primero vamos a recortar, mira, el tallo de las flores que tenemos y lo mejor de hacer esto es que una ya se adelanta y se imagina el resultado, las flores con su aroma, la mesa ordenada. Cortamos con mucho cuidado los tallos, con un cuchillo, como hacían nuestras madres, nada de tijeras. Después, llenamos 3/4 partes del jarrón con agua tibia y si tenemos, le ponemos una aspirina, así las flores duran más. Y con esto prestá atención, mira: mientras más alta sea la temperatura del agua, más rápido se abrirán las flores si son rosas. Siempre es conveniente elegir las mejores, las que no estén del todo abiertas, y ponerlas para que se luzcan en un florero como este y se vean mejor. A las que no están tan perfectas podemos distribuirlas en pequeños vasos por toda la casa. Y si un pétalo se cae, siempre se puede guardar para adornar platos o rellenar frasquitos. Al fin y al cabo la diferencia la hace una ¿No te parece? Porque los objetos son nuestros, como nuestras historias.

Los objetos hablan, parroquiana, es un hecho. Esas pequeñas cosas cotidianas, que nos ayudan en los que haceres de todos los días, son un manifiesto sobre nosotros, son un pequeño relato sobre lo que hacemos, lo que creemos y cómo vivimos. ¿Y qué es un Recipiente Zapallo? Puede ser muchas cosas; una bol donde armar los rellenos de las tartas del mediodía, el contenedor donde mezclar los ingredientes de un bizcochuelo casero. Puede ser también una ensaladera, donde cortemos con las manos hojas verdes de un almuerzo familiar. También puede funcionar como un centro de mesa donde poner flores, semillas, perfumes que reaviven una mesa de living. Muchas cosas puede ser, porque al final de cuentas, quienes vamos a armar su historia somos nosotros. Y este objeto después se va a encargar de contarla a los demás.