La Serrana

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Yo soy fanático de los experimentos, por eso cuando escuché "guardado en barrica" me uní al desafío. No estamos hablando de un vino, parroquiano. Estamos hablando de una cerveza que se conservó en roble francés durante un tiempito. Además, me acabo de enterar de que la cerveza negra tiene más hierro que la rubia, y sin querer encontré también mi excusa perfecta. Esta bebida tiene un color oscuro intenso, y una espuma compacta y duradera. Se pueden sentir los aromas a café tostado, chocolate y caramelo, acompañados de un buen cuerpo y equilibrio entre los tostados y el lúpulo… todas características acentuadas por la guarda en roble. Destapo una botella, voy al patio de la pulpería, pongo los pies a descansar en alto y bebo un experimento exitoso y argentino.

Esta cerveza de frambuesa es una novedad en la pulpería. De color ocre, con sutiles manchitas rosas, presenta una espuma agradable y persistente. Destapé una botella y mi nariz se inundó de frutos rojos y granadas que me hicieron recordar cuando recolectaba bayas de pequeño. Luego, su gusto envolvente pintó de colores mi paladar. ¡Es realmente un viaje! Su entrada es homogénea y sus sabores a frambuesa están perfectamente integrados. Tiene buena acidez y un largo final. Ideal para los amantes de las cervezas insólitas. La pulpera prefiere este manjar con chocolate, yo con un quesito de cabra y el casero con el postre vigilante tradicional ¿Y vos parroquiano?

Si existe un arbusto típico de la Sierra es el piquilín, tanto así que podrían considerarse sinónimos, en cuanto uno forja la identidad del otro. Sus frutos son sabrosos y coloridos. Los niños y pájaros los consumen como golosinas, y las hormigas se empalagan con su dulzor natural mientras extraen la pulpa. Cuando joven me pasaba horas caminando por el monte, cosechando las bayas rojas, negras y amarillas. Con esta cerveza color cobre brillante volví a ser ese muchacho. Y es que hay placeres sencillos que se graban en la memoria. Esta bebida está bien formada, tiene gran complejidad aromática, con notas a vainilla y dulce de leche, que combinados con el piquilín devienen geniales. Con entrada agradable, se conjuga la malta y el fruto, con un dejo amable muy agradable

¿Sabías, parroquiano, que la quinoa era el arroz de los incas? Se trata de la semilla de una planta que crece a más de 3000 metros de altitud en los Andes y tiene inmensas cualidades nutricionales. Cuando hallé la cerveza de quinoa, mi día mejoró notablemente. De un color dorado cobrizo brillante, y una espuma compacta y persistente, pasé a unos aromas que evocan la malta tostada y los granos. Con el primer sorbo, sentís el viento cordillerano del altiplano. Tanto en nariz como en boca se percibe la quinoa, con un dejo floral y cítrico y una textura aterciopelada exquisita. Una bebida genuina, con un final sumamente bien equilibrado. Es tan amable que llega a ser dulzona, aunque tiene tanto carácter y personalidad que sos vos quien tiene que descubrirla. ¡Nunca fue tan fácil tomar quinoa!

Además de ser una refrescante bebida de verano, y por qué no de invierno, el consumo moderado de cerveza tiene beneficios para la salud. Y si optás por aquellas hechas con elementos naturales, como cereales o frutos rojos, tenés asegurada una vida de buenaventura. ¡A tomar birra se ha dicho! La cerveza de jengibre tiene como protagonista a esta raíz en forma de cuerno, de ahí proviene su nombre en palabra sánscrita, cuyo sabor es picante y refrescante, características presentes en esta creación de La Serrana. Esta cerveza es aventurera, tanto que pareciera correr dentro de mi paladar, burlándose un poco, muy altanera con su leve picor en final de boca.