Proyecto Pulpería, a brazo compartido

Aunando esfuerzos, la ONG Proyecto Pulpería propone el rescate de pueblos bonaerenses de hasta 1500 habitantes. Una luz en los caminos.

Revalorizar, defender, rescatar… Cualquier otro etcétera redundaría acaso en una tarea más que noble, especialmente a juzgar por el sujeto. Aunque más vale hacerlo en plural: parajes, almacenes, pulperías, estaciones de trenes… Pueblos bonaerenses de hasta 1500 que penden del mapa, amenazados por la desaparición, el olvido, el aislamiento y demás peligros tan propios del tiempo y su transcurrir en este mundo post moderno. ¿Menuda cruzada, verdad? Pues la ONG Proyecto Pulpería le pone el hombro, el lomo y su cuerpo todo. Desde estas líneas, la hacemos carne. Pase, lea y sienta.

A brazo unido

Fundada en 2007 por el escritor entrerriano Leandro Vesco, Proyecto Pulpería propone un rescate multidisciplinar. La jerarquización de atractivos turísticos, la mejora de los servicios y la inclusión de herramientas son clave para rescatar a pueblos en deriva. ¿El motor que pulsa tamaña iniciativa? La convicción de que no hay mejor camino y legado para las futuras generaciones. Por cierto, también amenazadas en su supervivencia más genuina ante el predominio de la virtualidad. De esta amanera, Proyecto Pulpería abre oídos a las inquietudes que puedan surgir en los 135 partidos bonaerenses, en pos de que ninguna quede en el tintero. Acaso, el mejor mañana indica que el presente no puede esperar, y que mucho mejor resulta si lo construimos de a muchos, a esfuerzo compartido. Así la cosa, Proyecto Pulpería ha ido hilvanando una red de pueblos aunados en un mismo deseo: el de recuperar tanto el patrimonio como la actividad social, cultural y económica.

 Doble vía

¿Qué por qué las pulperías están en el foco de atención? A juzgar por todo lo que le hemos compartido sobre ellas, suponemos ya lo imaginará. Mojón de los mojones, las pulperías supieron ser postas, refugio, humanidad en medio de las más indómitas pampas; allí donde acudían peones y estancieros; militares, gauchos e indios… Almas sin distinción de raza, billetera o condición. Por lo que las hubo de esas que se convirtieron  en germen de pueblos, paso del tren mediante. Y he allí otro de los puntos de rescate. Las estaciones ferroviarias supieron ser otro punto vital, el gran portal de acceso y salida, de conexión. Si en las geografías más desoladoras las pulperías fueron estandarte de la visa social, económica y cultural; los ferrocarriles aseguraban la expansión fuera de su radio. ¿Entonces, cómo concebir un pueblo sin ellas?

Echando anclas

Sin embargo, el rescate de estos fundamentales sitios no es suficiente para detener el éxodo y consiguiente abandono de los pueblos. Sino que es preciso, a partir de ellos, anclar a la población local. Y vaya si los libros han resultado un buen camino para Proyecto Pulpería. ¿Es posible en esta era tan tecnológica? Desde luego que sí. En tanto la merma de su uso en los grandes centros urbanos, el libro reencuentra su funcionalidad en los pequeños pueblos, cumpliendo la doble función de educar y entretener. De allí la iniciativa de Bibliotecas Comunitarias. Aún así, frente al más desolador escenario, aquello que ilumina el camino a seguir, que insta a no darse por vencido, a creer que la misión es posible, es la resistencia: mientras exista población reacia a partir, aferrada al amor por sus pagos, existe un motivo para que allí permanezca, el impulso mayor a la hora de poner manos a la obra.

¿Qué hay detrás de la necesidad de escape, de desconexión que cada vez más los habitantes de las grandes ciudades acusan de fundamental? ¿Acaso las grandes ciudades se han convertido en las nuevas junglas del mundo? El caos urbano, la hostilidad tantas veces frecuente, la saturación de aire y espacio, entre tantas oras razones, parecen poner en jaque a las metrópolis. Es entonces cuando asoma la llama de lo pequeño, de lo cotidiano, de lo trivialmente humano cada vez más pedido. Y allí están los pequeños pueblos para reivindicarlo. Con esta premisa pues, Proyecto Pulpería tiene todas las de ganar.

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INSOLITO

¿Sabía usted donde se encuentra la pulpería más antigua del país? La inoxidable esquina de Argúas pertenece al partido de Mar Chiquita. Fundada por don Juan Argúas en medio de la nada, allá por 1817, ¿quién hubiera dicho que resistiría en pie y a puertas abiertas por más de 200 años? Y allí no termina la cosa, pues el pulpero también tiene lo suyo: con sus 80 años, don Generoso Villarino se ha convertido en el pulpero más viejo del país. ¡Siempre firme tras el mostrador!

BIBLIOGRAFIA

PREGONERA

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