Raymond Aignasse, el as del delivery colonial

¿Un adelantado? Raymond Aigansse primereó en la entrega de delicias a domicilio. Historia del chef francés que revolucionó a la colonia.

¿Quién dijo que el delivery es propio de estos tiempos? No irá usted a creerlo, pero cierto es que, en la Buenos Aires colonial, más de uno supo de recibir su vianda a domicilio. Y no de manos de cualquiera, eh… Ni más faltaba, que el chef de turno no sólo se jactó de su visión de negocio; sino de su afamada condición: la de ser un cocinero-artista. ¿Acaso se daba maña con la pintura? ¿Será que la música también fue lo suyo? Nada de eso, Raymond Aignasse hizo de su menú su mejor obra de arte, una perfecta y solicitada fusión de aromas y sabores. ¿Gusta de meterse en la cocina del asunto? El bueno de Raymond, o el bien llamado Monsieur Ramón, no merece menos.

 

Revolución francesa

Oriundo de Francia, Raymond Aignasse se instaló en Buenos Aires a fines del siglo XVIII. Claro que no sólo trajo consigo sus conocimientos culinarios; sino también sus revolucionarias ideas en materia gastronómica: ¡este don fue un gran precursor del delivery!  Pues, sin que se le cayeran los anillos, preparaba comidas que él mismo llevaba a domicilio. Le digo más, no contento con ello, hasta se dignó a dictar clases de cocina a los esclavos que servían a la alta sociedad. ¡Nada mejor que sus recetas para complacer a los exigentes paladares de los amos! Así la historia, Raymond Aignasse acabó por abrir su propio local de comidas, el único que supo competirle a la popular fonda de Los tres Reyes, ¿la recuerda? Inaugurado en 1804, el negocio del Monsieur fue toda una pegada. Tanto así, que las más notables figuras de la colonia hicieron acto de glotona presencia a la hora de sentarse a la mesa. Hazte fama y ponte a cocinar…

 

Yes, sir

El que sabe, sabe. Y el franchute se la sabía lunga… ¡Si hasta se promocionó en el Telégrafo Mercantil!: “En el café de M. Ramón, frente al convento de la Merced, se venden diferentes salsas inglesas embotelladas a razón de 5 reales la botella y por docena a 6 pesos fuertes. Dichas salsas son de muy delicado gusto y se usan para condimentar algún guisado, pero especialidad a todo pescado”. Y si no gustaba de llevar, bien podía usted paladear in situ. ¿Dónde? Como bien rezaba el anuncio, frente al convento de la Merced, de pie en la actual calle Reconquista. Por lo que las Invasiones Inglesas no pasarían desapercibidas para Raymond Aignasse. Y para muestra, un botón: allá por el año 1806, cuando el general Beresford ocupó el cargo de Gobernador de Buenos Aires, el chef francés estuvo a sus órdenes…o a su pedido. Pues, durante los 45 días que duró la ocupación, el mandamás británico gozó del servicio de catering que le proveía el Monsieur.  Claro que, expulsados los ingleses, fue el turno del reconquistador Santiago de Liniers. Eso sí, la cuenta corría por cuenta del Cabildo…

 

Poli rubro

Sin invasores a la vista, las bondades culinarias de Raymond Aignasse no sólo fueron degustadas por Liniers; sino por un tendal de emblemáticas figuras de colonia, como Manuel Belgrano o Mariano Moreno, fieles parroquianos del  inolvidable Café de Marco. Sin embargo, el boliche de Raymond, bautizado como “Café de la Comedia” tenía el inmejorable anzuelo de su completa propuesta: a las delicias de su fundador se sumaba la oportuna mesa de billar, en torno a la que los hombres se reunían café o chocolate caliente de por medio. Por lo que, ni lento ni perezoso, Raymond Aignasse fue por más: en sociedad con el actor José Speciali, este emprendedor empedernido no tuvo mejor idea que levantar un teatro en el solar vecino, aquel a cuya sala hemos tenido el gusto de invitarlo. ¡Cómo olvidar al Coliseo Provisional! Pues, en la antítesis de su nombre, se trató del único teatro que, durante largo y tendido tiempo, tuvo la ciudad. El hecho era que ambos recintos estaban comunicados por una puerta plegadiza. De modo que, entre función y función, el público se dirigía al café. Lo que se dice, un gol de media cancha.

 

¿Acaso podía esperarse menos del gran Raymond Aignasse? Revolucionario y locuaz, tanto como talentoso, su olfato de negocio y su sentido de la oportunidad no fueron, sin embargo, suficientes para permanecer en la nutrida memoria porteña. Su rastro se perdió en el año 1820, así como su concurrido café, clausurado por evidentes deterioros. Bienvenido sea, entonces, el presente rescate: el de estas líneas, sí, y el de todo quien, como usted, hasta este punto final las ha seguido.

RUBRICA

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INSOLITO

La última cena: en diciembre de 1811, Raymond Aignasse recibió un peculiar pedido. ¿Un banquete de lujo? No precisamente. Se trató del menú para un grupo de diez militares condenados a muerte, tras haberse sublevado contra el Primer Triunvirato. ¿En qué consistió aquel menú con sabor a luto? Gallina hervida y puchero de garbanzos, acompañados por el infaltable vino Carlón.

BIBLIOGRAFIA

La comida en la historia argentina. Balmaceda, Daniel. Sudamericana. Buenos Aires, 2016.

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