(Re) Descubriendo San Telmo (Parte 2)

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Todo marchaba sobre ruedas en San Telmo… Aunque ya a fines de la década del ’60 hubo un par de advertencias. Los dos brotes de cólera en Buenos Aires (1867 y 1868) dejan centenares de víctimas, pero nada catastrófico como lo que no se veía venir: la Fiebre Amarilla.

La Fiebre

Durante el fin del siglo XVIII y el comienzo del siglo XIX, en San Telmo se encontraban las residencias de los comerciantes adinerados y de los aristócratas, como los French sobre Defensa al 1062. Sin embargo, los diferentes tipos de fiebre amarilla que llegaron a la ciudad (1852, 1858, 1870, 1871) causan estragos en la población. San Telmo, debido a su proximidad con el río de la Plata y a los riachuelos que atravesaban sus calles, contó con gran número de infectados, ya sea por el consumo de agua o por el hacinamiento humano en las viviendas.

Desde la primera epidemia, los más adinerados huyeron paulatinamente del barrio. Desde entonces, San Telmo se convirtió en barrio de conventillos, generalmente habitados por inmigrantes europeos de extrema pobreza. El 27 de enero de 1867, se registran los primeros casos de inquilinos que vomitan negro. En febrero y en marzo del mismo año, se contabilizan cerca de 100 fallecimientos por día en San Telmo. El pick de la epidemia llega en abril (563 decesos). En junio, cesa la epidemia. Se estiman 14.000 muertes en Buenos Aires, sobre una población de 180.000 habitantes (8% murió en 4 meses). A partir de febrero, las familias las más aquejadas abandonan el barrio, para trasladarse al campo, es decir, hacia el nuevo barrio de la Recoleta. De todas formas, la migración había comenzado ya en 1852.

El empobrecimiento de San Telmo

Las consecuencias de estas epidemias fueron nefastas para un barrio que crecía en forma y fondo. Para apalear esta situación, se pone en marcha un plan de tratamiento de aguas, con el fin abastecer a todos los habitantes del barrio. Sin embargo, muchas de las grandes casas coloniales y de los pequeños hoteles fueron vendidos y transformados en conventillos. Entre 1852 y 1871, San Telmo se empobrece totalmente y deviene un barrio poco recomendable, que aloja solo a la mano de obra de las primeras industrias creadas en Barracas y La Boca.

Era imposible para un burgués de 1900, 1930 o de 1960 vivir en este barrio. Esto significaría perder su clase social ante los ojos de su familia y amigos. Uno no elige vivir en San Telmo, uno vive en Sal Temo porque no tiene elección. Cada vapor que arriba al puerto de Buenos Aires trae consigo centenas de nuevos miserables europeos que sueñan con hacer fortuna en Argentina. Los conventillos y los hoteles de familia más modestos los acogen momentáneamente. Estado que se hará permanente ya que la ansiada fortuna no llegará jamás.

Recuperándose

La recuperación del barrio es larga y difícil. El arquitecto José María Peña, con el auspicio de una asociación barrial, tiene la idea de remodelar un granero y usarlo como plaza de esparcimiento cada domingo. La municipalidad acepta la idea, la autoriza y en los siguientes años, la promueve. Una manera de hacerle publicidad al lugar es, primero, invitar a los vecinos y después, hacerles saber a los porteños que podían pasar la tarde en bellos barrios, como San Telmo.

Asimismo, la Feria de San Telmo se desarrolla rápidamente en los años ’70 y no perderá vigor jamás. Sin embargo, hay que esperar hasta la década del 90 para que los extranjeros se hagan partícipes de ella. Es en los años posteriores también que la municipalidad comienza a limpiar el barrio, principalmente calle Defensa, reconstruyendo varios techos e instalando falsas farolas de bronce para darle un toque típico. Sacan el betún de las calles para pavimentar la anciana calle Defensa, entre Avenida Independencia y Belgrano. Mientras tanto, los anticuarios de la zona notan la importancia comercial que adquiere la zona y compran locales para instalarse. Al mismo tiempo, se abren plazas en las calles adyacentes, donde peruanos, bolivianos y paraguayos intentan ganarse la vida con sus productos, tal y cual como lo hacían italianos o españoles un siglo antes. Es así como dos continentes se juntan en un mismo barrio, pero no se mezclan. Por una lado, el bajo proletariado extranjero y provinciano, y por otro, los negocios de antigüedades. De esta forma, los extranjeros llegan cada domingo para conocer el antiguo Buenos Aires.

A partir de la segunda mitad de los años 90, se instala el concepto de los albergues de jóvenes. He aquí una nueva fauna compuesta esencialmente por jóvenes anglosajones y europeos- aunque algunos no tan jóvenes- que alojan en dormitorios compartidos. Entre los anticuarios ya apostados y a pesar de la crisis de 2001, un sinnúmero de “hostels” se inaugura entre 1995 y 2005. Al igual que los hostels, los bares y las pizzerías que paulatinamente se fueron instalando son para un público extranjero.

Desde 2013, se nota también una transformación de la calle Defensa, ya que algunos anticuarios cerraron sus puertas, dando paso a nuevas boutiques de diseño independiente. Cabe destacar que entre las avenidas Chile y San Juan el costo de los arriendo ha aumentado considerablemente, y que por ello, algunos locatarios no han encontrado quién pague dichos precios. Pero se puede, siempre se puede. Calle defensa es, sin duda alguna, uno de los ejes de turísticos de Buenos Aires, sin embargo cuenta con 23% de sus locales vacíos, lo que produce un desfase entre el precio de los locatarios y la rentabilidad de tener un negocio en la zona.

De esta forma, la clase media no busca realmente asentarse, por lo que el desarrollo económico de la zona depende exclusivamente del turismo. Así, San Telmo se resume en dos mundos: la calle Defensa y el resto del barrio.

Hemos llegado casi al final de este breve recorrido por la historia de San Telmo. En una próxima entrega hablaremos del presente, de lo que pueden visitar una vez aquí y, por qué no, de dónde tomar una cerveza helada para apalear el calor.

Continuará…

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