Salmón en jaulas marinas, Argentina dice NO

Marcando un antes y un después a nivel medioambiental, Argentina es el primer país del mundo en prohibir el cultivo de salmón en jaulas.

 

¿Acaso es posible primerear en el mundo desde el fin del mundo? Como un grito, en los nacionales pagos de Tierra del Fuego, el presente dice que sí. Y para hacer historia… O más bien marcar precedente. Argentina se convierte, pues, en el primer país del mundo en declarar ilegal el cultivo de salmón en jaulas marinas. Porque la conciencia medioambiental y la pugna por la defensa del ecosistema natural se hicieron oír. Sí, incluso ante los intereses de una industria que golpea fuerte en materia de sustentabilidad y biodiversidad. Solo que, ésta vez, la historia tuvo final feliz. ¿Y si se tratara apenas del comienzo?

Todas las voces, todas

Aprobada por unanimidad en la legislatura de Tierra de Fuego, la ley que prohíbe las salmoneras en el Canal de Beagle fue presentada en 2019 por la entonces legisladora Mónica Urquiza (en 2021, vicegobernadora) y el legislador Pablo Villegas, del Movimiento Popular Fueguino. Precisamente, en el año en que Tierra del Fuego había firmado un acuerdo con Noruega para comenzar a producir salmón en jaulas marinas. Y aunque ambos fueron quienes contaron con el poder político para tomar acción, no faltaron voces que, al unísono, venían sonando respecto al tema. Pues las alarmas ya se habían encendido al otro lado de la cordillera, en territorio Chileno. Una frontera de la que nada entienda el Planeta Tierra, ya que sus aguas, su suelo y su aire son cosa de todos. Tan de todos como los atentados que contra él se suceden. De modo que tanto la población local fueguina como la comunidad Yagan (pueblo originario de Puerto Williams, Chile) unieron fuerzas con la ONG Rewilding Argentina para pedir por unas mismas aguas, sin banderas de por medio, sin más diversidad que la de la vida aunada en ellas. Un combo que hizo posible poner en suspenso en el proceso de producción. Dos años después, el pulgar a las salmoneras se baja definitivamente.

Alerta rojo

¿Qué si la decisión argentina es capaz de generar un efecto contagio? Cuanto menos, una “molesta” presión para que Chile se una a nuestras filas en la causa y tome medidas que detengan esta industria. Aquella que, por cierto, no es para nada menor. De hecho, es precisamente la demanda del producto es que el cultivo aumenta en aguas chilenas. Pues no se trata sino de una cría con fines estrictamente comerciales en la que los salmones son engordados en jaulas o redes flotantes. Una técnica originaria de Noruega, que data de los años ’60 y se realiza normalmente en bahías y fiordos, a lo largo de las costas. ¿Posibles daños colaterales? Para comenzar, estamos hablando de la introducción de una especie exótica que naturalmente altera los ecosistemas naturales al competir con las especies nativas por el alimento. Sin considerar también que los salmones colaboran con la proliferación de algas tóxicas (las llamadas “mareas rojas”) cuya resistencia bacteriana hace que se conviertan en focos infecciosos.

Huella fatal

¿Algo más para este boletín? Claro que sí, pues más allá de la introducción del salmón en sí y sus consecuencias directas, el tipo de producción también ofrece sus nefastas falencias. Tal como ya sucedió en Chile, ya sea porque un animal marino rompe la red para llegar al salmón, por causa de una tormenta o, simplemente, mala “praxis” humana, los salmones pueden escapar de sus jaulas, generando una alteración total en el equilibrio del sistema. De esta manera, tras ocho años de permanencia, las jaulas de salmón acaban por destruir la biodiversidad del área en donde se encontraba, dejando cual incendio forestal, un sitio yermo, de dificultosa regeneración vital. Y he aquí la pregunta del millón: ¿qué tanto espacio ocupan las jaulas? El mismo que ocupa una cancha de fútbol. Pavada de superficie, ¿verdad? Las dimensiones meten miedo, sí. Pero más vale tomar acción. Y desde el fin de mundo, Argentina marcó el camino, el inicio.

 

Ballenas, delfines, lobos y aves marinas… Innumerables especies hayan refugio en el Canal de Beagle. Y, hecha la ley, hecha su paz, su supervivencia. El resguardar su biodiversidad y resguardarnos a nosotros mismos así también. Un grito de victoria sí. Y también un llamado a continuar el camino con iniciativas sustentables. Si al andar éste se hace, vaya si hemos dado un gran paso.

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La industria gastronómica también recoge el guante y aporta su grano de arena para seguir diciendo No a las salmoneras. ¿Cómo? Algun@s chefs ya han optado por prohibir el salmón en sus restaurantes en pos de volver a las especies locales. Paladares… ¡a hacerse eco!

BIBLIOGRAFIA

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