Un tren a las Nubes embriagador

Un laberinto natural “intervenido” por una excepcional creación del hombre.

Si en sueños nos hubieran contado que en la Tierra hay un tren que atraviesa las nubes, no lo hubiéramos creído. Sin embargo, existe, y no está tan lejos. La esplendorosa provincia de Salta tiene la suerte de albergar uno de los ferrocarriles más asombrosos del mundo, que logra “trepar” 4.200 metros de altura a lo largo de 434 kilómetros entre ida y vuelta.

Adrenalina visual

Animarse a las quince horas de vertiginoso recorrido en el Tren a las Nubes es una de las experiencias más interesantes que un turista argentino o extranjero pueda vivenciar. Al partir de la estación General Belgrano de la ciudad de Salta, a casi 1.200 metros sobre el nivel del mar, comenzará un viaje sin obstáculos. Además de atravesar 29 puentes, 21 túneles, 2 rulos y 13 viaductos, este aparato fenomenal superará todos los accidentes geográficos que se le interpongan: mesetas desérticas, la Cordillera de los Andes, el altiplano, el valle de Lerma, la Quebrada del Toro y la Puna. Hasta finalizar en el Viaducto de La Polvorilla, al borde de un abismo rodeado de nubes.

Tocar el cielo

El ambicioso proyecto fue ideado por las autoridades del Ferrocarril General Belgrano en 1971, quienes ensayaron un tren turístico en la zona, hasta que veinte años más tarde pasaría a manos privadas. Esta obra magnífica fue asignada al ingeniero estadounidense Richard Maury, quien se arriesgaría a hacerlo realidad desechando el sistema mecánico de cremallera con ruedas dentadas y aplicando las leyes de la física de modo tal de garantizar el principio de adherencia de las ruedas a vías no convencionales, zigzagueantes y con forma espiralada.

Una película inolvidable

Además de exhibir los diversos paisajes, esta travesía refleja la asombrosa paleta de colores generada por la sedimentación de minerales sobre las montañas y deja percibir diferentes tipos de clima, desde el subtropical serrano hasta el desértico. Este maravilloso espectáculo puede apreciarse gracias a la comodidad y la seguridad de una estructura de ocho vagones que ofrece servicio gastronómico, guías bilingües y espectáculos folklóricos. Es que tanto vértigo podría producir des compensaciones físicas, además de una revolución emocional que, probablemente, nos dejaría de cama. Pero… ¿Quién nos quita lo bailado?

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