Daniel Barenboim, acordes de paz

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En un mundo signado de violencia, este músico convoca a la unión de los pueblos.

Un pianista y director de orquesta que, como dice Atahualpa, “no es de naide y es de todos”. Argentino de nacimiento, obtuvo la nacionalidad española, israelí y palestina; se mueve por el mundo obviando las fronteras geográficas, políticas y militares con una sola bandera: la de la música. Su historia de vida esta signada tanto por su carrera musical como por su compromiso con la paz.

Primera estación: Argentina

Este genio musical nació en Buenos Aires en 1942. De la mano de sus padres, ambos pianistas, se acercó a ese instrumento desde muy temprana edad y con sólo 7 años debutó sobre el escenario. Su recorrido musical lo llevó a vivir, estudiar y consagrarse en diferentes países: Israel, Alemania, Francia, España, Italia, Austria y Estados Unidos. Lo idiomática no es un problema para él, domina el hebreo, el alemán y el ruso, la lengua vernácula de su mujer, la pianista Elena Bashkirova. En el año 2006 fue su debut como director de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con el concierto Tangos Sinfónicos: con un escenario montado junto al Obelisco, pudimos escuchar las interpretaciones de El día que me quieras y Adiós Nonino.

Ciudadano del mundo

Barenboim no se conforma con ser uno de los pianistas y directores de orquesta más importante del mundo; su pasión musical lo llevó a recorrer muchos países en los cuales se interiorizó sobre los problemas políticos y sociales de cada uno. Ejemplo de ello es la formación de su Orquesta West Eastern Divan que Barenboim fundó junto al filósofo y teórico musical palestino Edward Said. En el marco de esta orquesta se vinculan jóvenes músicos tanto de origen israelí como de origen árabe y español.

Su postura pacifista y humanitaria confrontó con los últimos sucesos acaecidos en el Medio Oriente: “El conflicto israelí palestino no puede resolverse militarmente, ni siquiera políticamente. Lo que tenemos son dos pueblos convencidos de tener el derecho de vivir en el mismo pedazo de tierra. Y eso, sin el otro. Por lo tanto, no hay posibilidad de compromiso”. Al músico le preocupan las nuevas generaciones: “el odio que se está distribuyendo a gente tan joven, a chicos, no lo va a poder parar ningún proceso de negociación política y se impide la creación de un futuro mejor”.

Los jóvenes y la música clásica

Contra todo prejuicio de que la música clásica se presta a una edad o a una generación, Barenboim forma parte de diferentes espacios educativos musicales en los cuales interactúa con jóvenes de diferentes naciones; en esa labor de maestro destaca la importancia de la curiosidad y el ser inquieto como camino de formación permanente para aquellos que aspiran a crecer en lo musical. Sobre esto, el director de orquesta se mueve con una pedagogía de lograr de cada estudiante lo mejor de sí “La ambición es casi una palabra negativa hoy en día, pero si no tienes la ambición de conseguir algo, no lo vas a conseguir. Pero el talento que tengas siempre tiene que ser superior a la ambición”.