De bares y cafés, los notables (parte 3)

La última parte de nuestra mas fina selección de cafés notables.

A raíz del pasado artículo donde hablamos de los Cafés Notables, seleccionamos nuestros siete favoritos. Una tarea ardua, ya que en realidad nos quedamos con todos. ¿Tuvieron la oportunidad de visitarlos? Vamos con la patita que quedó pendiente. El menú de hoy: el Café de los Angelitos y el Gato Negro.

El Café de los Angelitos

El Café de los Angelitos tiene dos facetas llenas de sorpresas para el visitante. Dentro de él se esconde más de un siglo de historia. De hecho, una rápida visita a su sitio Web puede hacerte viajar en un universo retro, musicalizado con tango endiablado. Pero ¿Qué espera uno de este lugar? ¡Eso es lo que vamos a descubrir!

El local está situado en el barrio de Congreso, en la esquina de la calle Rincón y la Avenida Rivadavia. A fines del siglo XIX, el café se bautiza Bar Rivadavia, es inaugurado en 1890 por el italiano Batista Fazio y es frecuentado por los malandrines de la época. Este fue un bar muy modesto, con piso entierrado… lugar preferido de payadores y cantores. El famoso Gabino Ezeiza, Higuito Cazón y Jose Betinotti eran habitués del bar. Desde la inauguración del Palacio de Congreso en 1906, la población cambia un poco. De esta forma, en vez de los ya mencionados atorrantes, podía vérseles a José Ingenieros, Hipólito Irigoyen y Alfredo Palacios concurrir al bar.

Con el paso de los años, hubo modificaciones. El local cambió de dueño, ahora propiedad de Ángel Salgueiro, quien lo rebautiza como “A los angelitos” haciendo referencia a una frase del comisario de la ciudad: “Vamos muchachos, veamos si nadie se salió de vaina en el café de esos angelitos”, decía. En 1920, después de algunos trabajos de remodelación, el bar es reabierto y sobre la entrada principal se ubican dos ángeles de yeso. Es la gran época del tango y Florencio Parravicino, Roberto Casaux, Carlos de la Púa Muñoz y Carlos Gardel acudían al Café de los Angelitos. Es más, Gardel firma uno de sus primeros contratos de grabación sobre una de sus mesas y es Aníbal Troilo quien inmortaliza el Café de los Angelitos con su tango homónimo.

Sin embargo, con las sucesivas crisis económicas de los años 70, comienza la decadencia del barrio pero, sobre todo, la lenta agonía del tango. En 1992, una tormenta se ensaña con el lugar, el techo queda destruido y deben reconstruir una parte del edificio, bastante frágil por el paso del tiempo. En 2004, el establecimiento pasa a ser lugar de interés cultural de la ciudad de Buenos Aires y después de años durmiendo, Los Angelitos despiertan.

El Gato Negro

El Gato Negro forma parte del alma de avenida Corrientes. Ubicada al 1600 de esta misma, el café fue declarado sitio de interés cultural en 2003, pero existe desde 1927. Como verán, aquí no hay lugar para supersticiones. Victoriano López Robredo crea el café después de haber viajado por casi todo el mundo recolectando especias exóticas. En cuanto al nombre, este proviene de un bar romántico de Madrid. Sin embargo, en 1926, cuando López Robredo se cansa de viajar y se casa con una argentina, se propone instalar La Martinica, un café en la esquina de Montevideo y Corrientes, para más tarde trasladarse a lo que sería el hogar permanente de El Gato Negro. Artistas y políticos pasaban sus tardes y noches aquí.

Cuando Victoriano murió, el local pasó a manos de su hijo, quien abandonó su profesión de ingeniero industrial para buscar nuevos sabores y olores. Además, se propuso vender café en grano, torrefacción que se producía en el subsuelo del local. Años después, Jorge Crespo -su actual propietario- heredó El Gato Negro y abrió un café en la planta baja y un restaurante en el primer piso, pero este último no logra despegar jamás y finalmente cierra en 2007. Una de las anécdotas más recordadas -no por esto de buena manera- fue el anuncio de cierre por parte de un artículo de la prensa. En 2005, el local fue vendido y el nuevo propietario no tenía intenciones de mantenerlo como café. Sin embargo, Jorge Crespo se escuda en la clasificación de lugar histórico y logra parar el desalojo del Gato. Actualmente, en el café no solo venden bebidas, sino que también especias, y se realizan espectáculos de tango en el primer piso. El lugar sigue intacto y es perfecto para leer el periódico y tomar té.

Hasta aquí nuestros Notables favoritos. De todas maneras, los invitamos probarlos todos… Cafés y bares, y a proponernos su propia lista. Uno nunca sabe qué secretos esconde esta maravillosa ciudad.

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RUBRICA

INSOLITO

  • Café de los Angelitos, Aníbal Troilo.
Yo te evoco, perdido en la vida, y enredado en los hilos del humo, frente a un grato recuerdo que fumo y a esta negra porción de café. ¡Rivadavia y Rincón!… Vieja esquina de la antigua amistad que regresa, coqueteando su gris en la mesa que está meditando en sus noches de ayer. ¡Café de los Angelitos! ¡Bar de Gabino y Cazón! Yo te alegré con mis gritos en los tiempos de Carlitos por Rivadavia y Rincón. ¿Tras de qué sueños volaron? ¿En qué estrellas andarán? Las voces que ayer llegaron y pasaron, y callaron, ¿dónde están? ¿Por qué calle volverán? Cuando llueven las noches su frio vuelvo al mismo lugar del pasado, y de nuevo se sienta a mi lado Betinoti, templando la voz. Y en el dulce rincón que era mío su cansancio la vida bosteza, porque nadie me llama a la mesa de ayer, porque todo es ausencia y adiós.

BIBLIOGRAFIA

PREGONERA

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