¿Será que nació allí mismo, en los pagos de San Antonio Areco? Quién sabe. Lo que sí se sabe es que su nombre era Segundo Remírez; pero que por siempre será Don Segundo Sombra. Leyenda de la literatura a la que diera vida un tal Güiraldes. Aquella que estampara la impronta del gaucho pampeano en el mundo entero.

La sombra de Segundo

¿Su figura era moneda corriente en los alrededores de la céntrica Plaza Ruiz de Arellano, allí donde solía frecuentar el local del Partido Conservador. Mientras que los boliches de las afueras también fueron testigos de su grata presencia. ¿Quién era Segundo Ramírez? Quienes alcanzaron a conocerlo aseguran que fue resero, y que desplegó sus dotes de arreo en las tierras de los Güiraldes. Primero en la “La Porteña”, y luego en “La Fe”, estancias en las que también supo vivir y, tal vez sin llegar a imaginarlo, trascender. Ya no como el gaucho Ramírez, sino como Don Segundo Sombra. Protagonista de un viaje que sólo existió sobre el papel, y que encuentra en el bueno de Ramírez a la musa inspiradora de su creador: Ricardo Güiraldes.

Don Ricardo, mucho gusto

Pues bien, veamos quién fue el padre de la criatura. Pese a la asociación directa de su nombre con las gauchas tierras de San Antonio de Areco, este buen hombre nació en la Ciudad de Buenos Aires, un 13 de febrero de 1886. Pero lo cierto es que su vida estaría lejos de gran ciudad: a raíz de los asuntos laborales de su padre, Ricardo comienza un extenso derrotero por el viejo continente cuando tan sólo tenía un año. Regresaría recién a los cuatro; aunque aún le restaba una segunda vuelta en Europa. En 1910, y con 24 años, visita Italia, Gracia, Alemania y la India, entre otros países. Estadías que hicieron mella en su formación literaria. Tres años más tarde llegaría el matrimonio con Adelina del Carril y, posteriormente, su mayor legado. ¿Hijos? No, su inmortal seguidilla de obras: en 1915 publica El Cencerro de Cristal y Cuentos de Muerte y Sangre. Aunque, por cierto, con poca aceptación. Tan poca, que don Ricardo ya quería colgar los guantes. Pero como detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer, sería la propia Adelina quien lo alentara a amigarse su pluma. Y así lo hizo: dos años más tarde escribió El Raucho y, tras otros seis, Rosaura. Mientras todo ello ocurría, Güiraldes iba y venía, exploraba nuevos rincones del mundo y Latinoamérica. Alternaba el frenesí de los aeropuertos con calmas estadías en la estancia paterna. Y fue allí, en las tierras de La Porteña, en los llanos que Segundo Ramírez dominaba a pura arreada, donde este literato compone su obra maestra: Don Segundo Sombra. Esa en la que Güiraldes da vida a otro viaje. Ese cuyo punto de partida no era ninguna pista de aviación; sino el corazón.

Camino al andar

Y de su corazón nace Don Segundo Sombra, personaje inspirado en Segundo Ramírez, aunque con unos cuantos ideales a cuestas. Segundo Sombra no era sólo un simple resero; sino un exponente de dignos valores sobre los que sólo un maduro Güiraldes podía reflexionar. Valores que este gaucho de ley habría de trasmitirle a su ahijado Fabio, personaje con quien emprende un viaje que convertiría al joven en un verdadero hombre. ¿Cómo? De la mano de un compilado de andanzas, obstáculos y vicisitudes que marcaría la travesía de este dúo ficticio. Es que el imaginario viaje relatado por Güiraldes no era acaso un simple periplo por las verdes llanuras; sino un viaje de enseñanzas que sólo la ruda vida del hombre de campo era capaz de proveer, una búsqueda del propio destino. Así, ya sentadas las bases de la épica gauchesca de manos de José Hernández y su emblemático Martín Fierro, Güiraldes volvió a colocar en el centro de la escena a aquel gaucho enaltecido, prolongando su figura heroica; pero sin acabar por mitificarlo.

Querido Ricardo

A unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río uniendo las quintas del campo tranquilo”. Con esta real descripción de San Antonio de Areco, nacida de voz de Don Segundo Sombra y de los ojos de Güiraldes, la mítica novela comienza a relatar su historia. Y la de los pagos que la contuvieron, aquellos mismos en los que don Ricardo supo darle vida. ¿Que aguardaba del otro lado del puente? La ya desparecida Pulpería la Blanqueda, quien no sólo tiene su participación en el relato; sino su digno homenaje en el pueblo, tal como el escritor que la inmortalizara con su pluma. Así es como, en 1938, el Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes se hace realidad. Perpetuando el nombre del genial escritor, y cual antigua estancia enclavada en la soledad de la pampa, la casa del Museo preserva un invaluable patrimonio vinculado a don Ricardo y su obra; pero también a las tradiciones, usos y medios de vida gauchescos. ¡Si hasta La Blanqueada tiene espacio en la antesala de la casa! Un amigable pulpero de cera aguarda tras su mostrador para darle unas gratas bienvenidas; mientras que un par de parroquianos rememoran los viejos tiempos que reinaran en los pagos de Areco. ¿Habrán sido los de don Segundo Ramírez? Por lo pronto, sí fueron los de Don Segundo Sombra. O al menos así nos lo cuenta el gran Ricardo Güiraldes.

NO ME DIGAS!

Haz clic en el botón editar para cambiar este texto. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

QUE SE YO!

Haz clic en el botón editar para cambiar este texto. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

PARA CHUSMEAR

1
Gracias por su consulta. Lo esperamos en Defensa al 1344 del miércoles al domingo de la 12hs hasta la medianoche. Haga su reserva online aquí: http://pulperiaquilapan.com/
Necesitaría algo más?
Powered by
Ir arriba