Es francés, tiene una pulpería en Buenos Aires y cocina para gente en situación de calle y profesionales de la salud

La emocionante historia del arquitecto que ayuda a los más necesitados mientras hace la cuarentena en su país de origen.

El caso de Grégoire Fabre es cuando menos atípico. Este francés oriundo de Carcassonne se enamoró de la Argentina y decidió echar raíces en la ciudad de Buenos Aires.

Fabre compró, hace varios años, una vieja casa chorizo del barrio de San Telmo (una de las más antiguas de Buenos Aires), y la transformó en una pulpería donde rinde homenaje a la cultura y gastronomía de la Argentina, a la que bautizó Quilapán.

Debido a su reciente paternidad, regresó a Francia junto a su mujer, pero el hecho de que esté allí no significa que se haya desentendido de la pulpería. Y ahora, en medio de la pandemia, puso su negocio y equipo a colaborar con los que más lo necesitan.

Cucinare conversó con él al respecto, y dijo: “El 27 de marzo, una semana después del comienzo de la cuarentena, y gracias al apoyo de nuestros vecinos, decidimos compartir nuestra olla con las personas que más lo necesitan, en especial con los que están en situación de calle”, cuenta Grégoire.

Y después agrega que “desde ese día ofrecemos y seguiremos ofreciendo 100 viandas por semana al comedor de la Asamblea del Pueblo en San Telmo. También obsequiamos más de 500 viandas a los médicos y personal que trabaja en los hospitales cerca de la pulpería (Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, Hospital Dr. Cosme Argerich), pero también a personas del rubro médico que no están de guardia y quieren descansar sin tener que preparar la comida”.

Sin embargo, hay una situación que lo incomoda, que es el costo de los sistemas de delivery. “Por otro lado, empezamos a hacer delivery con una propuesta económica de guiso a $ 100, dentro de un radio de 2 km alrededor de la pulpería. Muchos jubilados están agradecidos. Empezamos a trabajar con PedidosYa pero ellos tienen una comisión del 27%, y ahora que la entrega no es gratuita la gente pide menos a través del sistema. Sería fantástico que todos los restaurantes de la ciudad pudieran reencontrar a su clientela online sin pagar una comisión que considero abusiva”, se queja el pulpero.

“Pero por otro lado tenemos proveedores que nos ofrecieron mercadería para sumarse a este movimiento de solidaridad. Estamos contentos porque no somos el único restaurant que tomó esta senda. Y quisiera que no se malentienda el gesto, porque no lo hacemos por marketing, sino porque somos humanos”, finaliza el galo.

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