Familia Tissot, la historia en una muñeca

FOTOTECA

Entre Suiza y Argentina, los Tissot marcaron el ritmo de los relojes del mundo. ¡Y con un descendiente por estos pagos nacido!

De las alturas suizas al llano de la porteña Buenos Aires, la familia Tissot trazó mucho que un camino. Lo suyo fue una línea de tiempo, ese que encierra en su puño, o más bien en una muñeca, gran parte de la historia de la relojería mundial. ¿La perlita? Un descendiente argentino, cómo no…

Cruzando el charco

Todo comenzó en el año 1853, cuando Charles-Félicien Tissot y su hijo, Charles-Emile Tissot, fundaron la marca Charles-Félicien Tissot & Fils en la localidad de Le Locle. ¿Su cartera de productos? Relojes de bolsillos y colgantes de una calidad tal que más de una vez fueron premiados en exposiciones tanto nacionales como internacionales. Por lo que más temprano que tarde la fabricación pasó de la artesanía a la industria, incorporando maquinaria eléctrica que permitió la producción seriada de relojes. La flamante fábrica abrió sus puertas en 1907, y ya para 1910 Tissot comercializó sus primeros relojes de pulsera para mujeres: piezas de lujo confeccionadas en oro o platino con diamantes. Le siguieron los modelos de pulsera para hombre, entre los que se destacó el primer reloj antimagnético del mundo. Es decir, que no se veían afectados en su precisión por el magnetismo que genera la electricidad. Entendidos en la materia, fue en 1924 que Édouard-Louis Tissot, nieto de Charles-Emile, viajó hacia la Argentina para fundar la Compañía Eléctrica Suizo-Argentina, en actividad hasta 1951. Años suficientes para que aquella primera célula fecundara en diferentes ciudades, dando origen a una veintena de centrales eléctricas.

Suizo-argentino

El caso fue que mientras electrones, protones y neutrones hacían de las suyas, el catálogo de relojes Tissot seguía creciendo al punto de fusionarse con Omega, en 1930. Así pues, se diversificó la oferta para señoras en torno a sus vestuarios a lo largo del día (ya lo decía la campaña publicitaria: “una mujer, tres relojes”), al tiempo que se incorporó la garantía de un año en caso de accidentes. Y fue el propio Édouard-Louis, quien, a la par de su actividad en la compañía eléctrica, se alzó como presidente de la Sociedad Comercial de Relojería allá por 1939, en representación de Omega y Tissot. De modo que entre tal meollo empresarial un nuevo Tissot asomaría el mundo desde estos pagos nacionales: Luc-Édouard. Hijo de Édouard-Louis y Gabrielle, Luc nació el 28 de julio de 1937 en Buenos Aires. Quinta generación de una empresa que lo vio licenciarse en ingeniería e incorporarse al emporio Tissot en 1965. Para entonces, el pulso de su proyección lo marcaban ya relojes con correa de cuero, cordón y brazalete de oro. Y para los hombres llegaba el turno de los relojes cronógrafos: aquellos que miden el tiempo transcurrido mientras indican la hora actual, pudiendo uno poner en funcionamiento dicha medición, pausarla y volverla a cero. ¿Qué tiempo era entonces para los Tissot tras tanto camino andado?

Una cuestión de familia

La muerte de Paul Tissot en 1951, tío de Luc y para entonces director de Omega y Tissot, marcó la hora debida: la del regreso de la familia a Suiza. Allí donde una nueva vuelta cuerda, y dos años más de vida para la empresa, hicieron que en 1953 Tissot celebrara su centenario. Édouard-Louis, padre de Luc, quien marcara el camino a este lado del Atlántico, asumió el puesto de su hermano fallecido. Y fue en su gestión que, bajo la implementación de un único calibre o modelo de mecanismo, fue posible la producción de relojes automáticos o manuales, con o sin calendario. Lo que se dice, variedad a la orden de un movimiento base capaz. Era el tiempo del piloto automático, como se dice. De que la producción marchara viento en popa. Para Édouard-Louis, un viento que traía consigo desde América del Sur. Y vaya si el soplido fue fuerte que la marca siguió extendiendo miras, llegando incluso a contar con la visita de los príncipes de Mónaco en 1960. ¿Cuándo llegaría el turno de Luc y su muñeca para calzarse la malla y el mando de Tissot? En 1973, y desde entonces, ya con algo de viento adverso. El de la modernidad y la crisis de la relojería en general. Por lo que en la diversificación estaba la clave, en hacer uso de su saber relojero acoplándose a los tiempos que venían. Así fue como en 1977 creó la empresa Precimed, destinada a fabricar marcapasos cardíacos en Suiza.

 

Casi que marcando el pulso de la vida, de la propia, Luc Tissot y su raigambre relojera hicieron que la historia volviera a comenzar. Aunque sin perder el punto de partida. Si es que al decir del propio Luc, todo empezó en Argentina. “Nací en Buenos Aires, donde mi padre trabajaba en una empresa de electricidad. Viví allí hasta los doce años y guardo maravillosos recuerdos. Sigo siendo binacional: suizo y argentino”. ¡Y cómo no!