Fileteado, proletario

Tal como el tango, el fileteado no es argentino; es porteño e hijo de la inmigración.

A diferencia de su hermano melancólico y calavera, el fileteado no mira el pasado ni se pone sentimental. No tiene tiempo para caer en trasnochados existencialismos. Debe madrugar para ganarse el mango. Evita el pesimismo mirando hacia el porvenir y es pura esperanza. Alegre y excesivo, celebra su trabajo y apunta hacia la prosperidad.

Genéticamente, no es un arte sino un oficio. Nació en las fábricas de carrocerías, en medio de vehículos hechos para el esfuerzo, el sudor y la fatiga. Pasó su infancia sobre carros y sulkys, y se hizo mayor de edad entre camiones y colectivos.
Realizado casi siempre por encargo, su ejecución no puede darse el lujo de postergar una entrega o de perder una changa. Lleva en sí la urgencia de la tarea pendiente. Requiere de velocidad, precisión e improvisación. Es riguroso, pero práctico y exprime sus recursos. De ahí, las obsesivas simetrías de sus modelos.

Contemporáneo del Modernismo y del Art Nouveau, el fileteado es su versión arrabalera y proletaria. Repone, sin molestar, todo el lujo que no puede permitirse el diseño de una herramienta de trabajo. Sus ornamentos se inspiran en la arquitectura urbana: frisos, cenefas, capiteles; y aprende su caligrafía gótica de los letristas franceses. Siempre subordinado a un motivo principal (después de todo, su objetivo es publicitario) crea un universo sobrecargado y barroco con la falsa opulencia del oropel. Prodiga arabescos, volutas, roleos y espirales. Se empacha de colores vivos y fantasías de profundidad, recurre a figuras zoomórficas estilizadas con alto grado de conceptualización simbólica y adora la bisutería: hojas de acanto, rubíes, diamantes, cintas y pergaminos.

El mercado puso su trabajo en manos de especialistas en marketing y diseño gráfico, que actúan con frialdad pseudocientífica. El fileteado, en cambio, es zalamero por naturaleza. Sólo sabe adornar con gracias, galanterías y delicadezas los favores de la providencia.

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NO ME DIGAS!

  • Una ley promulgada en 1975 prohibió el fileteado en los colectivos de la ciudad.
  • Si Discépolo dijo que el tango es un pensamiento triste que se baila, el filete es un pensamiento alegre que se pinta”, Ricardo Gómez, fileteador.

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