Martina de Céspedes, una pulpera extraordinaria

FOTOTECA

Las invasiones inglesas crearon historias dentro de la historia. Y Martina de Céspedes inmortalizó la propia: valor, coraje… y romanticismo.

Las calles de San Telmo se llenaron de sangre y fuego el 5 de julio de 1807. Buenos Aires se defendía con bravura del ataque del ejército inglés y su intento de colonización con todo lo que hubiera a mano: fusiles, armas de fuego, espadas, cuchillos, piedras y agua hirviendo. ¿Nos olvidamos de algo más? Sí, claro: un poco de alcohol. Tan sencillo como eficaz.

En el camino me entretengo

El reloj daba las 7hs en punto de la mañana cuando una columna del ejército invasor avanzó sobre la actual Humberto I, en dirección a la iglesia Nuestra Señora de Belén (actual San Pedro Telmo) y el vecino hospital de los Betlemitas. Durante la avanzada, los soldados interrumpían en casas y pulperías en busca de alimentos y alcohol. Ya bebidos pero ansiados de un mayor estímulo alcohólico, hacían y deshacían ante el abandono de comerciantes y residentes. Pero en la calle Humberto I al 355, Martina de Céspedes –pulpera de ley- permaneció firme y respondió al llamado de los “visitantes” de turno.

Mujeres al ataque

Con 45 años y tres hijas, abrió la puerta de su casa y pulpería a soldados sedientos de aguardiente. La condición era que ingresaran de a uno para no violar con evidencia la orden del virrey: negar atención a los invasores. Los hombres aceptaron, pero… ¿Qué sucedía una vez cruzado el umbral? Martina y sus hijas tenían otros planes, y los ejecutaron a la perfección. Los ingleses iban entrando de a uno y bebían servían alcohol hasta quebrar. Mientras que las mujeres, con superioridad numérica y valiosa sobriedad, fueron desarmando y atando a los “visitantes” –golpe en la cabeza mediante-. Así lo hicieron con 12 soldados ingleses. La prisión fue el sótano donde se guardaba la ginebra de la casa.

La hora de los laureles

Finalmente, cuando el General Whitelocke firmó la rendición y ordenó a sus tropas que entregaran las armas a los vencedores, Martina se presentó con sus prisioneros ante el Virrey Liniers. Relató cómo habían apresado a los doce hombres e hizo entrega del “motín” masculino. El virrey le otorgó a la heroína de San Telmo el cargo de Sargento Mayor del Ejército, con goce de sueldo y uso de uniforme. Los prisioneros fueron embarcados junto con el resto de los invasores.

Aunque uno quedó de yapa… Sí, Martina entregó sólo 11 hombres porque uno había simpatizado con Josefa, su hija menor. ¿Qué tal? Esos sí que eran amores…