Racing Club, la patria futbolera

FOTOTECA

¿Sabía que Racing fue el primer club formado solo por criollos? ¿Y el primer argentino campeón del mundo? Entre a la Academia con nosotros.

Donde el Riachuelo todavía no era su Avellaneda querida sino Barracas al sur, allí nació Racing Club. Bien dispuesto a hacer patria con ADN local y sobre todo, buen fútbol. Porque la Academia tendría mucho para impartir en la historia de la redonda en suelo nacional, y todo su juego y pasión con los que dar cátedra al mundo. ¿Acaso piensa perderse esta lección?

Con acento francés

Todo comenzó de la mano de un grupo de empleados del Ferrocarril Sud, cuando pidieron a sus mandamases que les fuera cedido un terreno allí para jugar al fútbol durante sus recreos. Y fue nomás que sucediera el visto bueno para que la pelota empezara a rodar y los partidos a jugarse a cara seria, midiéndose con equipos de buena talla y pie inglés para ganar experiencia de la buena. Pues, lejos de todo pasatiempo, en el horizonte asomaba ya una intención tan clara como formal: la creación de un club de fútbol con todas las letras, al que se lo llamó Argentinos Excelsior, allá por 1898. Y fueron lo suyo tres breves pero productivos años en los que se dio vida a otros equipos: Sud América Fútbol Club de Barracas al Sur, American Club y Argentinos Unidos. Pero Barracas picó en punta, destacándose entre sus “hermanos”, por lo que en 1901 se constituyó como club. Eso sí, con cambio de nombre incluido. Y aquí fue donde el país Galo pudo más que la inglesa tradición futbolera que predominaba por estos pagos: una revista francesa arrojó entonces la denominación con la que hacer historia. Sí, señores, Racing Club.

Toda una criollada

Claro que, así como buena parte de los equipos nacionales, los primitivos colores de Racing no fueron los que hoy conocemos. En los comienzos, para la que la casaca saliera baratita, baratita, fue simplemente blanca. De allí se pasó a una versión de bastones amarillos y negros. Y aunque cualquier semejanza con el diseño de Peñarol de Montevideo era pura coincidencia, no dejaba ella de ser desafortunada. O, cuando menos, pocos original. De modo que una tentativa de cuadros celestes y rosados funcionó solo hasta 1910. Sí, exactamente hasta el centenario de la Revolución de Mayo. Por lo que, envuelto en la algidez patriótica, Racing Club se calzó la albiceleste para ya no abandonarla. Pero ojo que lo suyo no fue mera cáscara, eh… No, no. Pues bajo la piel hecha bandera, cada jugador de Racing portaba un orgullo que ningún otro equipo hasta el momento: ser criollo. Del 1 al 11, cada futbolista racinguista era nacido en suelo nacional, diferenciándose así del resto, donde al menos un jugador acusaba extranjería. Comenzaba entonces la historia de un semillero interminable, toda una apuesta la talento nacional.

La Academia

Fue precisamente en el año 1910 que Racing consiguió su anhelado ascenso a primera, luego de haber sido afiliado a la Argentina Football Association en 1905 para participar del torneo de Ascenso y de habérsele escapado la final en 1908. Pero en 1910 fue la vencida, nada menos que contra Boca Juniors. Apenas el puntapié para una escalada de aquellas, pues en 1913 se gestaría la llamada “Academia”, equipo de criollos (hemos dicho, el primero de todos) que conquistaría la Copa de Honor en ese mismo año. ¿Repite conmigo? Carlos Muttoni, Armando Reyes, Saturnino Ochoa, Ángel Betular, Francisco Olazar, Ricardo Pepe, Juan Viazzi, Alberto Ohaco, Alberto Marcovecchio, Juan Hospital y Juan Perinetti. A éste se sumarían copas en 1914, 1916, 1917 y 1918. ¡Que pase el que sigue! Pues vaya si había con qué dar cátedra…

Nueva casa

Claro que los campeonatos no eran materia fácil. De hecho, el camino se hizo largo hasta conseguir el primero de todos. Fue recién en 1949, y de la mano de una delantera de aquellas: Salvini, Méndez, Bravo, Simes y Sued. Al año siguiente se repitió la historia donde se incorporó a Mario Boyé. Eso sí, una vez que le agarró el gusto, Racing no paró. Tanto así que en 1951 se coronó tricampeón. Y primereando una vez más: fue el suyo el primer tricampeonato del fútbol profesional. Y por esos tiempos andaba entonces tirando la casa por la ventana. O Más bien, afianzando cimientos, pues el 3 de septiembre de 1950 fue la inauguración oficial del “Cilindro”, el hogar definitivo. El proyecto había comenzado en 1944, con la compra de 30 mil metros cuadrados que pertenecían a los ferrocarriles (sí, como en los comienzos, pero esta vez, billete de por medio). ¿Y adivine quien le dio su buena mano para que el sueño de la casa propia fuera posible? El presi Juan Domingo Perón, con un préstamos de 3 millones de pesos de parte del Gobierno Nacional. De allí, generosidad obliga, Perón no solo fue designado presidente honorario, sino que el estadio fue bautizado con su nombre. ¿Puro corazón de hincha? No faltan las voces que dicen, Perón tenía alma xeneixe. ¿Será que sí?

Del mundo mundial

Sin embargo la historia de Racing tendría más novedades para este boletín glorioso. Vea usted, fue con Pizzuti como DT que Racing logró un invicto de 39 partidos, coronándose campeón en 1966. Y fue redoblar la fiesta en 1967, con la obtención de la Libertadores de América. ¡Triplicarla en noviembre de ese mismo año! ¿Adivina cómo? Sí, fue Racing, otra vez el primero, pero esta vez en alzarse campeón del mundo. ¿Qué otro equipo argentino que el porta la propia bandera? Fue 1 a 0 frente al Celtic de Escocia, y que se piante ese lagrimón contenido con la formación: Cejas, Basile, Perfumo, Martín, Chabay y Rulli. Cardoso, Maschio, Cárdenas, Rodríguez y Raffo. Porque de llanto contenido, vaya si Racing también sabe. Porque tras años y años de sequía, la cosa fue “paso a paso”, hasta soltar por completo la emoción de aquel Apertura 2001, de la mano de Mostaza Merlo, para alegría de tod@ racinguista pero, por sobre todo, de l@s sub 35 que nunca lo habían visto salir campeón. ¡Y salud, nomás!

Por lo que fue y por todo lo que vendrá, para esta patria futbolera que no se ha cansado de ponerle el pecho a la historia y abrir cancha a hitos de esos que enorgullecen al fútbol nacional. Racing Club, con la bandera en la piel y un vasto camino aún por andar. Porque la Academia sigue abierta, para a pura maestría la pelota seguir haciendo rodar.