Resistencia y el Coronel Ávila, erguidos frente a todo

Desde la resistencia aborigen hasta aquella que profesara la inmigración italiana. Historia de una ciudad que rindió culto al aguante.

La espesura del monte no habría sido el horizonte de ensoñación que desvelara a los recién llegados ¡Si habrán tejido paisajes en los dos meses que duró aquella peripecia por el Atlántico! Más aquella no sería la única. Para los 260 italianos que pisaban la prometida tierra nacional, allá por 1878, aún aguardaba más. Desde Corrientes, mosquitos y pastizales acompañaron la desolación con que, a bordo de dos lanchones remolcados por un vaporcito, transitaron las aguas del Paraná. ¿Con que destino? El paraje San Fernando. Más precisamente, la criolla y bien llamada Colonia Resistencia.

Sí, mi Coronel

Nada por aquí, nada por allá… ¿o sí? ¡Claro que sí! Sobre la avenida 25 de Mayo al 2000, San Fernando lucía su más despampanante casona. Se trataba de una construcción de aquellas, con 10 amplias habitaciones, depósitos, galpones y talleres de carpintería y herrería. Todo un lujito para aquellas tierras. Tanto así, que el denominado caserón Ávalos se encontraba protegido por una empalizada de palo que hacía las veces de cerca. ¿Y que había del dueño de casa? El Coronel José María Ávila era un militar cuya destacada actuación de la guerra de la Triple Alianza lo hacía portador de unos cuantos laureles. Tras abandonar el ejército, se radicó en el paraje chaqueño para dedicarse a la explotación de maderas…y para adjudicarse nuevas epopeyas. Sí, señores. Dos años antes, en 1876, el Coronel había demostrado que aún mantenía vivo su fuego; y defendió el paraje de la rebeldía que protagonizaran los malones Vilela.

Por partida doble

De resistir se trataba. Ya no los malos tratos procurados por los criollos; sino las consecuencias de una rebelión que buscaba acabar con ellos. De resistir se trataba. Ya no la feroz geografía del lugar; sino la sublevación que los malones aborígenes protagonizaran a pura bravura. De aquí y de allá. De un lado y del otro. La resistencia era la dual protagonista de la escena, una contienda que comenzó con el caer del sol. Atardecía ya cuando un par de carreros criollos fueron pillados por los aborígenes, quienes acabaron con la vida de uno de ellos y quemaron a sus bueyes. Los fugitivos sobrevivientes apenas alcanzaron a llevar la noticia a los suyos por la noche. Aunque un malón encabezado por el cacique Leoncito ya se divisaba en las cercanías de la colonia. ¿Suficiente para intimidar a Ávalos? Claro que no, el Coronel agrupó a sus peones e hizo frente a aquella revuelta que -saqueo de ranchos de por medio- había logrado rodearle la manzana y atravesar su fortificación. Fue puro combate hasta que el sol dio nuevo aviso; momento en que el malón se dio a la retirada. ¿El motivo? La muerte de Leoncito, cacique cuya cabeza fue colocada en un poste sobre el camino Real. Todo un claro símbolo de la victoriosa resistencia; aquella que bautizaría a la actual capital chaqueña.

Resistiré

Lo cierto es que, pasados los tiempos de rebelión, la casona de Ávalos no abandonó el papel protagónico de la región. En ella fue que los inmigrantes encontraron asilo ni bien llegaron, hasta que pudieron ocupar sus tierras. Nacía entonces una nueva resistencia, la de las enfermedades y epidemias; la de las adversidades que propiciaba la madre naturaleza, la del trabajo sacrificado. Aunque, a la vista está, el resultado fue una nueva victoria. Llegaría entonces una segunda camada de italianos dispuestos a hacer patria allí. Y con ella, la expansión de familias, la delimitación de nuevos territorios, una labor redoblada en los campos de cultivos y la gesta de pequeñas industrias que asomaban sus narices en pleno territorio litoraleño. Nacía entonces una nueva Resistencia. Sí, esa que se escribe con mayúsculas. Esa que, vestida de ciudad, ostenta su título de capital provincial y nos revela su verdad. Aquella sobre la que, ahora, ya no quedan dudas: Resistencia tiene aguante. Y vaya si así es.

NO ME DIGAS!

  • La familia de Luis Giraldi fue una de las primeras en arribar al Chaco allá por 1878. Su casa fue declarada Patrimonio Histórico Cultural de la provincia en 2002; y alberga hoy el museo dedicado a la inmigración italiana en el Chaco. Su patrimonio exhibe detalles del viaje de Geraldi, la vida de los primeros colonos y criollos en la zona, datos de las familias pioneras y maquinarias de campo de aquel entonces.
  • ¿Una historia signada por la tragedia? La del matrimonio Lestani y sus cinco hijos. En primer lugar, Juan y Dominga perdieron a su hija Emilia producto de una escarlatina contraída en Buenos Aires. Rumbo a San Fernando, mientras pernoctaban en Corrientes, muere su hijo Antonio. Y, una vez en destino, fallece la hija menor  (dando lugar a la primera exhumación del campo santo). Mientras que Juan, el padre de familia, contrajo tétanos a los 4 meses de haberse instalado en suelo chaqueño. Aún así, Dominga siguió adelante con sus apenas dos hijos sobrevivientes.

QUE SE YO!

  • La isla de los muertos vivos. Nieto, Marcelo. Instituto de Cultura de la Provincia del Chaco. Argentina, 2010.

PARA CHUSMEAR

  • Archivo

    VINO TINTO CARCASSONNE

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    Combinación exacta de la estructura y potencia del Cabernet Sauvignon con la dulzura de los taninos del Malbec. Un clásico Argentino siempre junto a nuestra parrilla. En los años 40 era el elegido del la familia Perón.

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