San Telmo: un recorrido por la meca del arte colonial que ambientó a la Argentina del 1800 por InfoBae

FOTOTECA

El mercado de Arte y Antigüedades más grande de América refleja la historia del país a través de tesoros inmemoriales…

Hace más de 40 años que los anticuarios se instalaron en la calle Defensa, en el barrio de San Telmo, punto de interés obligado en los circuitos y visitas guiadas por este barrio porteño. De la mano de estos locales, entonces, surgieron los puestos de la feria en Plaza Dorrego.

En todo el mundo no hay una ciudad que, en tan pocas cuadras, concentre tantos negocios de antigüedades: los hay desde Defensa al 50 hasta Parque Lezama, algunos en calles aledañas y otros dentro de galerías de arte. Sólo en el barrio de San Telmo hay 500 de estos verdaderos museos a la calle y en toda la ciudad de Buenos Aires se cuentan 2.000. Turistas, curiosos y vecinos de toda la ciudad viajan en el tiempo cada vez pisan uno de ellos.

Los anticuarios sobre la calle Defensa y alrededores de San Telmo, como también los de Barrio Norte, San Isidro, Gran Buenos Aires y las provincias de Mendoza, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Salta, poseen testimonios, recuerdos y antigüedades de la época de la Revolución de Mayo y de los festejos de su Centenario (1810-1910), dos etapas muy distintas: Colonial una y Modernismo Art Nouveau la otra, pero muy características ambas, según explica Willy Pastrana, prosecretario de la Asociación de Anticuarios y Amigos de San Telmo.

Majestuoso inodoro de Urquiza, porcelana inglesa – Jennings, Palacio San José.Gentileza de Pulpería Quilapán. Defensa 1344

Majestuoso inodoro de Urquiza, porcelana inglesa – Jennings, Palacio San José.Gentileza de Pulpería Quilapán. Defensa 1344

“En las tertulias de esas épocas, del 1810 y del 1900, la lectura de los nuevos textos de humanistas surgidos de la Revolución Francesa o las noticias de los últimos inventos y avances tecnológicos, eran tema obligado de conversación, y el mate de plata o la colorida luz de una lámpara Gallé respectivamente, acompañaban siempre estas reuniones”, explicó Pastrana.

“En general todos tenemos algo de aquella época: candelabros, candeleros, lámparas Quinque a kerosene, abanicos, jarra y palangana, así como mobiliario, objetos cotidianos y ropa de época”, señaló por su lado Luis Guevara, vicepresidente de la misma Asociación. “En general, las piezas de esta época son muy requeridas en las provincias porque se adaptan mejor a la decoración de casas y bodegas”.

En los anticuarios de Cuyo, por ejemplo, se pueden encontrar numerosos objetos y mobiliario de los años en que San Martín vivió en Mendoza (1814-1823).

También típica, en muchas iglesias y colecciones particulares, es la pintura de la escuela cuzqueña. Especialmente característicos y pintorescos son los “arcángeles arcabuceros” (ángeles que reemplazan sus espadas flamígeras por armas de fuego). “Los originales son raros, pero están presentes en alguna que otra casa de antigüedades en Buenos Aires, lo interesante son las réplicas al óleo con marcos tallados y bellos dorados”, aseguró Pastrana.

El Museo de la Parroquia de San Pedro Telmo posee 12 obras de pintura cuzqueña que representa a las sibilas y pitonisas bíblicas en clave virreinal. En la Feria de los domingos de Plaza Dorrego podemos encontrar hermosas recreaciones.

También los museos Histórico Nacional (Defensa 1600), Etnográfico Juan B. Ambrosetti (Moreno 350) y de la Historia del Traje (Chile 832) cuentan con piezas del 1800.

Platería criolla

“Famosa en todo el mundo, la platería criolla es un claro exponente de la riqueza del Alto Perú, presente en el cerro de Potosí, quizás una zona pobre y la menos poblada de los dominios españoles. Cabe recordar que, hasta 1776, fuimos parte del Virreinato del Perú”, explicó Pastrana.

Los orfebres criollos crearon juegos de té, cubiertos, mates, cálices y todo tipo de arte religioso, altares, retablos, misales, candelabros, candeleros, aguamaniles, palmatorias y lámparas para una cada vez más enriquecida clientela local.

Con el tiempo, para uso cotidiano se destacaron en plata repujada los marcos de cuadros y espejos, como también joyería y hebillas. Hubo que esperar al siglo XIX para que los gauchos comenzaran a embellecer sus caballos y cinturones con detalles en plata. En este sentido, cabe mencionar a la Asociación Criolla Argentina (Humberto 1º 381) que difunde al gaucho como nuestro arquetipo argentino y promueve el arte y la artesanía tradicional brindando cursos de platería criolla, artesanías, herrado, talabartería, soguería y telar, entre otros.

Los objetos de plata identificaron a una cada vez menos emblemática clase patricia. Estaban presentes en las mesas y repisas de las cocinas y comedores de las tradicionales casas de patios porteñas. Luego pasaron a formar parte de exclusivas colecciones, colocadas en coquetas vitrinas en los afrancesados salones de la élite porteña de principios de siglo, casi como gabinetes de curiosidades.

Hoy en día grandes orfebres como Juan Carlos Pallarols (Defensa 1094) o Marcelo Toledo (Humberto Primo 462), entre otros que instalaron sus talleres en los alrededores de Plaza Dorrego, siguen trabajando la plata como en la época de la Revolución de Mayo, pero recreando sus modelos con una estética contemporánea y enriqueciéndolos con nuevos materiales. “Desde que me sentí atraído por el universo de los metales, las técnicas tradicionales de la época colonial fueron las que me guiaron hasta el artista en que me he transformado hoy”, confesó Toledo.

Espacios gastronómicos

Muchos restaurantes del Casco Histórico funcionan en casonas coloniales. Entre ellos, encontramos a Pulpería Quilapán (…) un típico restaurante parrilla instalado en la casa más antigua de la ciudad: construida en 1730, antes del Virreinato del Río de la Plata. La calle de adoquines, sus techos de tejas, rejas, portales y ventanas coloniales, sus faroles y salamandras del siglo XIX y la arquitectura de un patio colonial único con plantas y enredaderas, definen el estilo de este Monumento Histórico.

Por otro lado, la primera edificación de Pulpería Quilapán (Defensa 1344) se construyó en 1714: una casita con techo a dos aguas de la cual se conserva hasta hoy una de las paredes de ladrillo original. En 1860, se edificó -sobre una amplia propiedad a nombre de Manuela Bravío- la casona que perdura hasta hoy. En la actualidad, y luego de una restauración, la casona histórica se reencuentra con su pasado de bodegón y ofrece despacho de bebidas, almacén de ramos generales, comedor, tienda de artesanías y salón de baile.

Con 500 anticuarios en un radio geográfico de 1 kilómetro, San Telmo es hoy la mayor concentración de anticuarios de América y la segunda a nivel mundial después de Francia. “Nosotros somos como una galería del pasado que muestra la historia argentina desde adentro de sus mansiones, de sus grandes casas, de los movimientos artísticos que se vieron reflejados en nuestro país desde la arquitectura para adentro, con el arte y el contenido” concluyó Norberto Medrano, presidente de la Asociación de Anticuarios y Amigos de San Telmo.