Sistema B, una vuelta de tuerca a la gestión empresarial

FOTOTECA

En el reverso de los antiguos parámetros, el Sistema B propone éxito en el bienestar e impacto positivo socio ambiental a largo plazo.

Si la unión hace la fuerza, cuando sucede en sentido benéfico, pues la cosa se potencia. Y en dicha intención es que el Sistema B congrega adeptos: empresas que se comprometen, ni más ni menos, que a un mejoramiento continuo, repercutiendo así de forma positiva tanto en la sociedad como en el medio ambiente. Menuda tarea que intentaremos desglosar en estas líneas.

Exitistas

Creada en abril de 2012, el sistema B es una multiplataforma que informa e inspira a seguir la senda de la sustentabilidad. ¿Cómo? Utilizando la fuerza del mercado al servicio de las problemáticas socio ambientales de turno. Y sí, el plan es de a muchos: soluciones colectivas a partir de una nueva economía en la que los valores y la ética son fundamentales, más sin perder de vista las necesidades particulares. ¿Es entonces la rentabilidad económica la más ambiciosa meta a la que una empresa del Sistema B puede aspirar? No precisamente. Pues el éxito tiene aquí unos parámetros algo inusuales para el mundo capitalista: se mide en el bienestar de las personas, las sociedades y la naturaleza.

Engranaje B

Ladrillo sobre ladrillo, mano a mano. Así se construye bajo las alas del Sistema B. Opiniones y alianzas mediante, tejiendo relaciones cimentadas en la confianza y basadas en responsabilidades mutuas, delegando funciones por sobre toda centralización. De allí que la apertura, la extensión de redes de contacto y el aprecio de las diferencias son engranajes fundamentales dentro de un funcionamiento en el que la integridad, el respeto y el amor puesto en la causa desempeñada tampoco resultan menores. Creatividad al servicio de la innovación, cuestionamiento de acciones y sus consecuencias, de lo establecido y probado más no por ello infalible. Así pues, vanguardia a la orden y simpleza por sobre todo.

Por supuesto, nada resulta sencillo. Ni mucho menos, inmediato. Porque no hay edificación segura sin buena base, el Sistema B pondera el “largo plazo”. Para que la positividad del impacto –el mayor de los propósitos– perdure en el tiempo, para que la transparencia de gestión se perpetúe y para que la interdependencia que implica ser parte de una Comunidad Global engrandezca cada vez más a cada miembro partícipe. ¿Qué cuántas empresas argentinas ya son parte? La nada despreciable suma de 111. Por suerte y mérito de unos muchos, la cruzada por ser cada vez más vaya si continúa.