Churros, la delicia sin tiempo

Codiciados en invierno y en verano, los churros sí que saben ponerle sabor a las tardes y mañanas argentinas. Pormenores de un clásico.

Dulces o salados. Rellenos o no rellenos. Esa es la cuestión para los churros, pues si algo no se discute es su grata presencia. Crocantes si los hay, los churros ya son un clásico de las tardes o mañanas argentinas, sin distinción de temporada: salen como piña en las veraniegas tardes de playa, cuando empiezan a marchar los verdes. Y qué mejor ellos a la hora del chocolate caliente, cuando el frío del invierno apremia. Debilidad de golosos y no tanto, la sabrosa receta de los churros no es ningún misterio… Aunque si de sus orígenes se trata, la cosa se pone más compleja. Pase, lea y devele.

 

A las churras…

Cierto es que la tradición churrera lleva tantos siglos que sus orígenes se pierden en el tiempo. Aún así, es posible rescatar hechos que podrían conducirnos al meollo del asunto. Vea usted que, según la más corriente de las versiones, los churros tendrían su origen en tierras españolas. Y que la autoría de tamaña delicia recae en los pastores del siglo XVIII, quienes solo precisaron agua, harina y sal para dar con esta elemental receta. De hecho, dicen que dicen, el nombre “churro” provendría precisamente de las ovejas “churras”, una raza ovina propia de los pagos de Castilla y León. Sin embargo, no faltan las voces que se inclinan el hecho de que los churros, así como tantas otras recetas hoy típicas en España, fueron introducidos por los árabes. De lo que sí no hay dudas es que, importado o de propia factoría, los churros cruzaron el charco de la mano de los españoles, y vaya si hallaron en América tierra fértil en la que arraigar.

 

ABC churrero

Harina y agua hervida con sal gruesa. Más claro, échele azúcar. Claro, si es de su agrado. ¡También hay quien prefiere espolvorear a los churros con canela! El hecho es que la receta es básica por donde se la mire, aunque requiera de cierta mano y algún que otro tip. Por ejemplo, se calcula que se deben utilizar dos litros de agua por cada kilo de harina y cucharada de sal. Que la sal debe adicionarse en el agua y no a la harina, y que una vez incorporada ésta última se recomienda revolver con una cuchara de madera. Lista la mezcla, comienza entonces la labor artesana: a la maga de repostería, y que el pico tengo forma estrella, cosa de que el churro salga con las estrías que todos conocemos. Finalmente, la fritura. Hasta que salgan doraditos y bien crocantes.

 

¿Rellenos saben mejor? Queso, pastelera, mermelada, chocolate (¿o será que lo dejamos para el baño?)… ¡Los churros argentos prefieren el dulce de leche! Y cómo no. Clásico de los clásicos, no hay como saborear dulce de leche tibio al primer bocado. Hemos dicho, en invierno o verano. Los churros siempre están a la orden del día, y del calendario.

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INSOLITO

Crocantes… o crocantes. ¿El secreto? Freír los churros en grasa y no en aceite.

BIBLIOGRAFIA

Churros, berlinesas, facturas y donas. Núñez Quesada, María. Ediciones Lea. Buenos Aires, 2003.

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