Daguerrotipo, el rostro del hallazgo

FOTOTECA

¿Y si le contamos que en Defensa 1344 CABA hallamos un daguerrotipo de los primeros que existieron en la ciudad? Pase, pose y descubra.

Que las excavaciones arqueológicas realizadas en nuestra casona nos han sorprendido con numerosos hallazgos, vaya si se lo hemos contado ya… ¿Recuerda acaso a los misteriosos otolitos? ¿Y a las botellas de gres? Pues bien, en esta oportunidad la cosa es un tanto distinta. ¿Por qué? Porque tras tanta historia anónima, tanto ayer dibujado, reconstruido en nuestra imaginación, el pasado inconmensurable que esconde el solar pulpero nos ha mirado a los ojos. Sí, señores: en el relleno de descartes encontrado en la esquina nordeste de la casona de la pulpería Quilpán, el siglo XIX se nos puso cara a cara. ¡Habemus daguerrotipo!

Toda una revelación

Porque primero lo primero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de daguerrotipo? Obra del físico y pintor francés Louis Daguerre –de allí el bautizo–, se denomina daguerrotipo a una imagen en positivo obtenida a partir de una placa de cobre expuesta al vapor de yodo (de modo que resulte fotosensible) y sometida luego a vapores de mercurio capaces de revelarla. Con forma de octógono irregular, la placa daguerreana hallada en la pulpería (por cierto, registrada en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires) presenta el deterioro propio de su condición de pieza de “descarte” (Imagine usted, con más de un siglo en el lomo…). Así, la oxidación hizo de las suyas en el soporte de cobre, al tiempo que, hacia el centro de la pieza, se observan tonos amarillentos propios de la sulfuración metálica del revelado.

Bajo la lupa

El análisis preliminar del daguerrotipo mediante XRF se llevó a cabo en la Comisión Nacional de Energía Atómica de Buenos Aires, confirmándose entonces la presencia de plata. Acto seguido, el registro fotográfico mediante una cámara Canon EOS 6D permitió luego identificar la imagen. Y, finalmente, el procesamiento mediante el software DStretch ImageJ (originalmente creado para analizar arte rupestre), contribuyó al mejoramiento de la imagen en lo que a colores respecta. ¿El resultado? Un retrato de medio cuerpo, distinguiéndose en la parte superior un rostro femenino cuyo peinado con rulos a los lados se ve acompañado por la presencia de un velo alrededor de la cabeza. Y aunque tenue, así como toda la imagen, se percibe una suerte de decoración floral en torno a ella. ¿Que si es posible precisar una antigüedad determinada? Aunque las  deterioradas condiciones del daguerrotipo no lo permiten, sí es posible seguir la pista que la técnica en sí dejó en la historia urbana a partir de su utilización. Y tras ella vamos…

Siguiendo la pista

El daguerrotipo se desarrolló en Buenos Aires entre 1843 y 1860, aunque, desde ya, limitado a la élite porteña dado su alto costo. Y, aún así, las dimensiones sugieren una procedencia (europea o norteamericana) que también permite ajustar un poco más los márgenes de tiempo. Con 6.2cm de altura por 5cm de ancho, el daguerrotipo hallado arroja una posible correspondencia con los estándares norteamericanos. Vea usted, en junio de 1843 aparecieron tanto en la Gaceta mercantil, el British Packet y el Diario de la tarde los primeros anuncios en referencia a un tal John Eliott, norteamericano que, habiendo abierto una galería de retratos en el número 56 de la recova nueva, era, incluso un año después, el  único daguerrotipista con negocio establecido en la ciudad. Ah, y  cobrando 100 pesos por el retrato con su estuche. Lo secundó otro compatriota: John Amstrong Bennet, quien abrió la segunda galería de daguerrotipos de la ciudad en la calle Piedad 121. Europeos varios, demás norteamericanos y hasta locales se sumaron con posterioridad a la movida daguerreana, tanto abriendo galerías como oficiando de fotógrafos ambulantes. ¿Será entonces que el daguerrotipo hallado es una de aquellas primeras y codiciadas joyitas?

Hemos dicho, en aquellos primeros tiempos el daguerrotipo era cosa de “pudientes”. Y buena referencia del acomodado origen de las familias que habitaron la casona han dado las numerosas piezas de índole “cotidiana” allí encontradas; así como los elementos arquitectónicos que la propia construcción atesora consigo. Por lo que, ante la sumatoria de pruebas y conclusiones, estaríamos entonces ante un daguerrotipo que cuyo precio oscilaba, hacia 1848, entre los 100 y 200 pesos. ¡Todo un numerito para la clase media de entonces! Eso sí, ¿será que alguna vez será posible develar el misterio mayor? ¿A quién perteneció el rostro de la joven? A la Historia. Con pelos y señales, a un ayer que, aunque preso de algunos anonimatos, siempre nos revela una nueva cara.