Fernet se dice Branca

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Alma máter de los aperitivos, el Fernet tiene nombre y apellido. De tónico a bebida internacional, el Branca es Único.

Vermú de los vermús, el fernet copa las mesas argentinas en materia de aperitivos. Con hielo y cola sale como piña a la hora de las picadas, en los encuentros con amigos y si de precalentar motores para una larga noche se trata. Claro que la etiqueta no resulta un dato menor. ¡Si es Fernet, es Branca! Desde el otro lado del océano y con toda su tanada a cuestas, el Branca es sabor y tradición con mayúsculas. ¡Salud!

En familia

¿A quién debemos las bondades de este aperitivo sin igual? Al boticario Bernardino Branca, quien allá por 1845 -en Porta Nuova- descubre una fórmula mágica para los paladares. Hierbas van, raíces vienen, este alquimista de los sabores hace de las suyas entre probetas y morteros. ¿El resultado? Una bebida única, tal como lo dictaminaría su lema futuro. Aunque los laureles estaban repartidos: sin olvidar la colaboración del Dr. Fernet, su sueco e incondicional ladero, la bebida en cuestión habría de ser bautizada con nombre y apellido. Señoras y señores, con ustedes, Fernet Branca. ¡Y chin-chin para la numerosa familia! Casado con Carolina, Bernardino tuvo tres hijos que bien han sabido participar del éxito del fernet: Luigi, Giusepe y Stéfano son parte del boom engendrado por su padre. Tal fue la aceptación del público, que los Branca debieron abandonar prontamente la elaboración artesanal para abrir las puertas al mundo de la producción masiva. Nace así la llamada Fratelli Branca Destilerías. Dueña de la receta sin igual, la firma crece y crece mientras las diferentes generaciones de los Branca van tomando su timón. Ya para 1862, y bajo la dirección de Stéfano, se constituye la firma Fratelli Branca e C.

Para el mundo

Poquito y nada faltaba para que el Branca tuviera el universo a sus pies, aunque el pobre de Stéfano se quedó con las ganas de saborear aquello. El menor de los hermanos muere en 1891, siendo su esposa quien asume la conducción de la criatura; al menos hasta que el joven “Dino” cumpliera la mayoría de edad. Lo cierto es que, dos años más tarde, el Fernet Branca no reconocería fronteras: en 1893 nace el Mundo Branca. Una obra de Leopoldo Metilcovitz (representativo artista de la época) que se convertiría en marca registrada hasta nuestros días. ¡No me diga que no sabe de que se trata, querido paisano! La imagen de un águila que aferra la botella de fernet sobrevolando el mundo sería, desde entonces, imborrable para la retina de todo “vermusero”. Los calendarios de Branca de 1895 la publican por primera vez. Y tal fue la pegada que, en 1905, el logo aparece de forma oficial en el Ministerio de Economía Nacional de Italia. ¿Qué tal?

Hijo ‘e tigre

Lo cierto es que el Branca golpea las puertas del 1900, a pie firme, en más de 40 países. Al tiempo que comienza a preparar su aterrizaje en América. Más precisamente, a nuestro país: destino por excelencia de los emigrantes italianos en los albores del siglo XX. Ya con Dino a la cabeza, allá por 1925, la empresa Hofer & C. se convierte en la concesionaria argentina que, de forma exclusiva, fabricaría y vendería el Fernet Branca en nuestro país. ¿El secreto? Utilizar para ello el extracto de bebida enviado desde la mismísima Italia. ¡Toda una pegada para las sedientas gargantas nacionales! Tanto así que, en 1935 nace la firma Fratelli Branca en Buenos Aires. ¡Pero eso no sería todo! En apenas 6 años se inaugura una planta destinada a la producción local, situada en el barrio de Parque Patricios. Así, Argentina se convierte en el único país elaborador de Fernet, además de la propia Italia. Y desde entonces, el Branca nacional se nos iría para arriba. Ya comenzados los años 80, en Tortuguitas -Provincia de Buenos Aires- se construye la bodega subterránea más moderna de toda Latinoamérica. Porque si de algo sabemos los argentinos, es de amparar la buena bebida cual divino tesoro.

Sin techo

¿Qué depararía a la ya afianzadísima Fratelli Branca Argentina en el nuevo milenio? Una nueva planta con lo último de lo último en materia tecnológica, allí en Tortuguitas. Mismos pagos que la bodega; aquella que también sería sustituida por una mayor aún. Es que además del clásico Fernet Branca, nuevas producciones tales como el Branca Menta, Punt e mes y Borghetti comenzaron a hacerse espacio en las góndolas nacionales e internacionales. Sí, señores. Desde suelo nacional, las bebidas Branca coparon Latinoamérica: Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay son los principales importadores de las criaturitas Branca. Aquellas que, por inequívoca adopción, ya se han convertido en orgullo nacional. Ya se lo decíamos al comenzar estas líneas, parroquiano amigo. ¡Si es Fernet, que sea Branca! Ante la menor duda, consulte a su paladar. Tómese uno, y después nos cuenta.