Flan casero, un veterano a la orden

Presente en las cocinas desde tiempos remotos, el flan encontró en los paladares locales la horma de su zapato. Historia de un inoxidable.

Clásico de clásicos a la hora del postre, el flan ha pagado su buen derecho de piso para jactarse de tal condición. ¿Cientos de años le resultan suficientes? Ocurre que su origen obliga a remontarnos a los tiempos en que los romanos aprendieron a domesticar los pollos, por lo que las recetas a base de huevo estaban a la orden del día. Claro que, para entonces, de azúcar mejor ni hablar.

 

Dulce que te quiero dulce

Dulzura se busca. Mejor dicho, se buscaba. Pues, en sus inicios, el flan era más bien saladito. Bajo el nombre de Tiropatinam, se trataba de una preparación a fuego lento que, una vez cuajada, se hervía con un especial condimento. ¡Nada menos que pimienta! Hasta que el correr de los años hizo lo suyo, y, si te he visto, no me acuerdo. Adiós a la pimienta y bienvenida la miel. Así la historia, el flan se fue masificando hasta alcanzar buena popularidad en la época medieval, convirtiéndose en un plato típico de cuaresma. Fue para aquel entonces que el azúcar entró en escena, y lo hizo para ya no marcharse.

 

Con nombre propio

¿Entonces? ¿Habemus flan? Para ser más precisos, nuestro protagonista tomó su actual nombre en el siglo VII, y lo hizo del fráncico “flado”, que designaba a una especia de torta plana. Así pues, la denominación se mantendría inalterable; aunque no así las recetas. Pues, aun manteniendo sus ingredientes básicos (huevos, leche y azúcar), la llegada del flan a América dio pie a diferentes versiones. ¡Incluida la argenta! ¿Qué cuál ha sido la variación? Sus inmejorables laderos: porque si hay flan, que sea mixto.

 

¿Pasamos lista? Siete huevos ligeramente batidos con 200 gramos de azúcar. Medio litro de leche, unas gotitas de esencia de vainilla y todo a la budinera (acaramelada, claro). Cocción en horno moderado a baño maría, y listo el flan. ¿Algo más? Claro que sí, ese inconfundible toque nacional: la suave y espumosa crema por un lado, el consistente dulce de leche. Ahora sí, puede usted sentarse a la mesa. Por estos lados, lo esperamos en la nuestra.

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¿Flan con dulce de leche, o de dulce de leche? Para los fanáticos, bien vale este dato: licúe junto a la leche unas cucharadas de este dulce e incorpore la preparación a la receta del flan. Toda una argentinada.

BIBLIOGRAFIA

Flanes y Budines. Quesada, María Núñez. Ediciones Lea. Buenos Aires, 2012.

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