Hasta que se oiga tereré

La onomatopeya que da nombre a esta infusión ya es un hit sudamericano. Historia y ritual del mate que no sabe de pavas, sino de hielo.

Pa’ usted, yerbatero de ley, incondicional amigo del termo, estoico cebador de amargos aún en tiempos de ardiente sensación térmica. Pa’ usted, que no cambia los rioplatenses verdes por nada que se le parezca, este refrescante legado guaraní que hoy le convidamos. Mándele agüita fría a la guampa y deje que la yerba haga lo suyo, que la impregne de sabor del bueno. Cebe y pase, de mano en mano, de corazón a corazón. Más no sin oír el grito sagrado, el de la bombilla que, diciendo “tereré”, pedirá una nueva cebada. Una más en un ritual que es pura tradición e hidratación.

Frescor añejo

Claro que el viejo y conocido tereré, lejos está de ser una simple onomatopeya. Cierto es que aquel simpático sonido que genera la última chupada de bombilla, cuando nos bebemos el “fondito” del mate, es quien le ha dado nombre. Pero si hay algo que distingue a esta infusión es, más que sus modos, su contenido. Por cierto, revolucionario para muchos. Estamos, nada menos, que ante un mate frío. Sí, señores. Y si es con hielito de por medio, más refrescante aún. Así que no se asombre si alguna vez ve a una pajilla matera sudar la gota gorda. No será por altas temperaturas; sino por el frescor que corre en su interior. Ese cuya demanda tiene larga data. ¿Qué tanta? Curiosas resultan las versiones que nos cuentan sobre el tereré y sus orígenes: que soldados paraguayos y bolivianos tuvieron, durante la Guerra del Chaco de los años ’30, la genial idea de cebar mate frío para no encender fuegos cuya humareda delatara su posición; o que, durante el mismo episodio bélico, las tropas paraguayas obtenían agua a partir de la evaporación de orina, filtrando el líquido resultante con yerbas y demás hierbas que pudieran disimular su desagradable sabor. Siguiendo la línea de la primera teoría, también se dice que quienes decidían evitar a las “buchonas” fogatas eran los mensú, esclavos de los yerbales presentes en el Paraguay y el noreste argentino, a quienes sus capataces prohibían tomar mate. De allí que decidieran volcarse a las seguras aguas frías y evitar todo tipo de torturas. ¿Y los propios mensú, ya enrolados en el ejército paraguayo, hubieran sido quienes confiaran su estrategia al resto de los soldados de la Guerra del Chaco? Sea cual fuera el origen de la cuestión, y sus motivos, se dice que el tereré fue adoptado por la sociedad paraguaya desde que los veteranos de guerra lo introdujeron. Pero… ¿qué hay de los pagos nacionales?

Pronóstico extendido

Nada descabellado suena decir que el tereré pudo ser adoptado por Argentina casi por contagio, por la condición vecina de nuestros hermanos paraguayos y hasta por la inmigración de éstos en suelo nacional. Sin embargo, se cree que -mucho antes de que cañones y fusiles entraran en escena- los guaraníes, entendidos en materia yerbatera, dieron origen al incipiente tereré. ¡Si hasta los Jesuitas reconocieron sus bondades! No sólo las de la yerba en sí; sino las de la propia infusión: según palabra de religiosos, el tereré saciaba la sed más que la misma agua. ¿Qué me dice? Lo cierto es que aquella revelación ocurrida en pleno siglo XVII sería sólo el comienzo de una tradición matera que, aunque en frío, echaría raíces tanto en Paraguay, como en el sur del Brasil y buena parte de litoral argentino. Misiones y Corrientes fueron las provincias que primero han levantado su estandarte. Formosa y Chaco también harían lo propio, contagiando a Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. ¿Buenos Aires? Pues parece a que la ola de frío también ha llegado a los pagos bonaerenses, y hasta a la mismísima Reina del Plata. Eso sí, ante la extensión del fenómeno, las variantes no tardarían en llegar. Y antes de que se tiente con la propia, le contamos la posta, posta.

Sale la ronda

Si la cebada de mate es casi un ritual familiar, una ceremonia amistosa, imagínese lo que habrá sido para los guaraníes; aquellos para quienes el tereré lejos estaba de ser una infusión de yuyitos cualesquiera. Y bien sabrá usted, paisano, que nuestro mate de cada día tampoco lo es. Prepararlo no es moco de pavo, porque, aunque suene sencillo, hacer un buen verde tienes sus secretillos. Así que mejor dejar el asunto en manos de entendidos. ¿Quién habrá sido en aquellos tiempos precolombinos? ¿El más sabio de la tribu, el más anciano? Pues no, el mayor nunca servía el tereré; aquello era asunto de jóvenes, en un gesto de admiración y respeto hacia sus superiores, los primeros en degustar la bebida. Así, el menor del grupo -el pahagué– era quien, oficiando de cebador, aguarda su turno con larga paciencia, destinado a cerrar la ronda. ¿Y qué era lo que este jovenzuelo echaba a la guampa? A la yerba mate, el primitivo y original tereré supo adicionarle un combinado de hierbas medicinales: la menta, con su efecto refrescante en boca y vías respiratorias, el cedrón, dueño de un aroma similar al limón, la peperina, con su fragancia mentolada, el koku, portador de un sabor parecido a la guayaba, la astringente y diurética cola de caballo, y las fragantes hojas de limonero -de quien también podía utilizarse su ácido fruto-. Lo que se dice, una fusión de bien llamadas “hierbas refrescantes”, para aportar más frescor al asunto. Y ojo que no se echaban directamente sobre la yerba; sino que, previo paso por el mortero, se introducían al agua de la cebada. ¿La razón? Evitar que las hierbas se fueran lavando cual yerba, de modo que todos los participantes de la ronda consuman en igual medida, y con iguales efectos, las dosis de yuyos en cuestión.

¿Qué si todavía se mantiene esta tradición? Los más ortodoxos cebadores aún respetan, o al menos en su mayoría, los ingredientes base. Sin embargo, la versión argenta de los tiempos que corren ha cambiado las hierbas y las aguas claras por los jugos de frutos cítricos, cosa de no perder la frescura. Le digo más, hasta suele cebarse tereré con jugos en polvo. Todo sea en nombre de la practicidad. Porque cuando el aire caldea y la temperatura sube, un expeditivo tere no viene nada mal. Menos aún, si mantiene viva nuestra costumbre matera: termo bajo el brazo, mate, yerba, bombilla y sorbe que te sorbe. Sí, hasta que se oiga tereré.

NO ME DIGAS!

  • Algunos dichos afirman que los guaraníes no utilizaban bombilla; sino que tomaban el tereré cual té, como una infusión de yerba colada. ¿Y el clásico sonido que le diera nombre?
  • Cuando le sirvan un tereré, tal como ocurre con el mate, no agradezca al cebador sino hasta que no quiera beber más. Pues un “gracias” indica que ya no desea seguir bebiendo y que puede ser salteado en la ronda.
  • ¡El tereré tiene festejo propio! En Paraguay, el Día Nacional del Tereré se celebra cada 25 de febrero.

QUE SE YO!

  • El Tereré, algo más que una bebida en Paraguay. Benítez Alvarenga, Derlis. Editorial El Lector. Asunción, 1997.

PARA CHUSMEAR

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    VINO TINTO CARCASSONNE

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    Combinación exacta de la estructura y potencia del Cabernet Sauvignon con la dulzura de los taninos del Malbec. Un clásico Argentino siempre junto a nuestra parrilla. En los años 40 era el elegido del la familia Perón.

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