Tren histórico de la Capilla del Señor, con el ayer a toda máquina

FOTOTECA

Aventura y jazz impulsados por locomotora a vapor, ese fue el combo ideal del tren histórico a la Capilla del Señor. ¡Súbase con nostr@s!

 

“Fueron muchos años de ir todos los domingos” Cerca de cinco años, esos en los que Adrián Blasetti desandó los rieles de la historia con sus notas a cuestas. “Porque cuadró la música antigua con algo tan antiguo”. O el jazz que pregona y despliega desde pibe (tal como lo hizo por estos pagos pulperos en más de una ocasión) con el tren histórico de la Capilla del Señor. Corría entonces el año 1993, y desde la estación ferroviaria Federico Lacroze en el barrio de Chacarita partía con destino a Capilla –y algunas veces, hasta Zárate– esta añeja formación en la que el tiempo parecía haberse detenido. Impulsada por una locomotora a vapor, la travesía era posible. Y a ella l@ invitamos a subirse. ¿Nos acompaña?

Corazón de fierro

Porque primero lo primero, ¿quién ha sido el padre de esta criatura turística por la que, durante aquellos años ’90, tant@s paisan@s se embarcaron en una aventura hacia el ayer? Ferroclub viejo y querido, institución que vio la luz allá por 1972, de la mano de 10 socios que solían reunirse los viernes por la noche y los sábados para compartir y dar rienda suelta a su afición. Fierreros en el más literal de los sentidos, pues no por los autos sino por los trenes, hasta contaron con su propia revista al año siguiente de su fundación. Apenas los primeros pasos de un camino abocado a la restauración y preservación de patrimonio histórico ferroviario, sin subsidios públicos ni otro aporte más que donaciones particulares y la labor de sus socios. Lo que se dice, una tarea a pulmón. Tanto así como lo fue la puesta en marche del tren histórico a la Capilla del Señor, una iniciativa que nos remonta aún más tiempo atrás. Fue entonces a mediados a 1982 que el Ferroclub Argentino recibió en custodia la llamada locomotora Yatay, de trocha media, junto a un sector de vías del depósito de Coronel Lynch del Ferrocarril General Urquiza. Y allí mismo era, pues, que los socios se reunían religiosamente todos los sábados para echarle manos y amor. Fue aquel hecho el que disparó la constitución legal de la institución, y lo cierto es que su labor ya nunca se detendría. El Estado comenzó a cederle más y más unidades que iban quedando desafectadas del servicio, y el Ferroclub fue expandiéndose en diferentes centros de preservación. Aunque el primer amor nunca se olvida, por lo que la Yatay, aunque en alternancia con otras buenas y restauradas mozas, tendría un destino más que especial.

La vida en marcha

Siempre a las nueve de la mañana, religiosamente, cual misa dominical, Adrián decía presente en la estación ferroviaria. Aunque en más de una ocasión en la que el sueño siguió de largo a un buen dispuesto colectivero convenció de que siguiera a la locomotora para poder subirse ya iniciado el tramo. Imagine usted, la formación se impulsaba, tal como le hemos dicho, a la antigua: por la Yatay que, alimentada a leña, cubría los 86km que la separaban de Capilla del Señor a una velocidad módica, que extendía el viaje a una duración de hora y media o dos. “A veces compraban leña de no de buena madera y se consumía antes de llegar, era todo muy artesanal” recuerda Adrián. Por lo que, quien aventura quería, aventura tendría. Además de comida y jazz en vivo, claro está. “Al principio tocábamos en diferentes vagones, lo que era muy difícil porque pasabas de un vagón al otro al aire libre, con los instrumentos, y a veces volaban chispas de la locomotora. Después se asignó un vagón específico, incluso con enchufe para amplificador”. Sí, el servicio se fue mejorando con los años, aunque algo de su espíritu amateur siempre lo hizo diferente, y a la vez convocante. De hecho, la llegada de tren histórico a destino era también un acontecimiento para los locales: “la gente del pueblo iba a la estación a vender pastelitos, empanadas, era algo que daba mucha vida. Y nosotros seguíamos tocando ahí, en la estación también. Después la gente se iba a una estancia a almorzar y a eso de las cuatro de la tarde, cuando sonaban las campanadas, la Yatay marchaba de regreso”. Así la historia, la revivida locomotora revivía todo a su redor, no solo el ayer; sino aquel hoy.

Aventura a bordo

Los vagones de madera se sacudían, la locomotora chillaba a más no poder, la leña a veces se acababa y, como si poco fuera, los animales también se cruzaban. Porque el que quiere celeste, que le cueste, como se dice. Y no era para menos, pues en el tren histórico de la Capilla del Señor no había viajado cualquiera. En sus años mozos, cuando no era histórico sino un digno ejemplar de progreso, por esos mismos vagones habían desfilado desde presidentes hasta príncipes y princesas en visitas estelares. Eso sí, de seguro no habrán tenido ellos la fortuna de contar con el anecdotario que Adrián guarda consigo. Imagine al fin, cada domingo era domingo de fútbol, cómo no… “Recuerdo una vez haberle dado una radio a una nena para que fuera escuchando el partido mientras yo tocaba y me fuera diciendo los goles, el resultado… Era hija del trompetista, que a su vez tenía un amigo que jugaba al rugby en un campo lindante a las vías. Y cuando el tren pasaba por ahí, el partido se paraba y el tipo tocaba la trompeta por la ventana”. ¡Eso sí que era un show en vivo! Con exclusivas y todo. Y por si alguien a bordo quería un bis, aunque no fuera de música sino de paisaje, la Yatay y sus imponderables podían ofrecer tal yapa: “en uno de los viajes que llegaban hasta Zárate, cruzando el puente, lo locomotora no tenía suficiente fuerza y se iba para atrás”. ¡Replay por favor!

Barrera baja

Sí, porque a más de un@ le habrá picado el bichito de subirse al tren histórico de la Capilla del Señor más no a través de estas líneas, sino en cuerpo presente. Sin embargo, la Yatay y compañía apagaron su fuego con la llegada del nuevo siglo XXI. El servicio fue suspendido en 1999, aunque el trazado férreo utilizado hasta el año 2011 de la mano de El Gran Capitán, el cual atravesaba la provincia de Entre Ríos y Corrientes hasta llegar a Posadas, en la provincia de Misiones, bajo concesión de la compañía Trenes Especiales Argentinos. De hecho, la Yatay también se usaba para maniobrar trenes sobre las vías. Solo que, para entonces, la empresa concesionaria cesó su actividad dado el mal estado del tendido vial. De modo que solo trenes de carga han continuado circulando por el sector troncal de dichas vías. Por cierto, el más deteriorado. Sin embargo, el Ferroclub Argentino sigue marcha que te marcha, rescatando lo mejor de nuestra historia ferroviaria.

Pues, aunque dicen, el tren pasa una sola vez, las estaciones de la vida se suceden. Y qué mejor que nos encuentre siempre al pie del andén.