Vermú, la argentinidad al vaso

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Instalando costumbres y adueñándose de momentos, el vermú no es una bebida más. Secretos y rituales de un símbolo porteño.

Insomnes y amantes de la vida nocturna encuentran su consuelo en bares, bodegones porteños y cafés sin reloj. Allí donde el vermú  (vermut o vermouth según la geografía) se convierte en “ritual”. Sin urgencia y con dedicación, así se disfruta de esta bebida cuya autonomía lo exime de competencia alguna: cerveza, vino y tragos al margen…

Con identidad propia

Así lo entienden quienes hacen del vermú una verdadera ceremonia. Mientras termina de prepararse el asado, acompañando los “sagrados” 90 minutos de fútbol cada fin de semana, junto a la picada que antecede a las salidas nocturnas… Argentinidad pura hasta aquí. Aunque el vermú sea, en verdad, una herencia europea nacionalizada con la mayor de las devociones.

Soy de aquí y soy de allá

La palabra vermut es de origen alemán y significa ajenjo: hierba que fue en sus inicios su principal componente. El médico griego Hipócrates fue quien decidió mezclar vino blanco con ajenjo. ¿El resultado? un “tónico de hierbas” que aliviaba el estómago y mejoraba la salud.De hecho, el vermú es aún hoy un vino aromatizado. Posee una graduación alcohólica que va desde el 16% hasta el 21% y su sabor es producto de la maceración e infusión de raíces, hierbas y especias. Además del endulzado con azúcar y caramelo.

En la variedad está la diversión

El vermú rojo o ‘rosso’ es la variante más dulce. El vermú blanco es el más utilizado como aperitivo por su suavidad y dulzor intermedio. Mientras que el vermú seco es el más amargo. Argentina tiene el consumo de aperitivos por cabeza más alto del mundo. Y las marcas más consumidas se encuentran en el país. El Fernet es el aperitivo que lidera el podio. En segundo lugar se hace fuerte el Campari. Mientras que el vermú rosso (con Cinzano a la cabeza) va sumando puntos.

Todo un indicio de la “nacionalización” de esta bebida. Citada -nada menos- que por el filoso humorista político “Tato Bores”  para referirse a una sociedad  entregada al placer: “A seguir trabajando, ¡Vermú con papas fritas y… Good show!