Vino dulce: Marche una copita

Levemente dulces o muy golosos, los vinos dulces ofrecen variedad a prueba de imaginación.

Una copita de vino dulce tras la comida no es una costumbre actual, sino que se remonta a los tiempos del imperio romano. Sin embargo, dicha práctica tuvo sus “vaivenes” en el tiempo.

Para variar

En Argentina, los vinos dulces dejaron de producirse en masa a comienzos de los ’80. Aunque la historia cambiaría en los 90, con el lanzamiento de los llamados “tardíos”. Posteriormente fue el turno de los vinos “fortificados” o “encabezados”. Distinguidos por su acentuada dulzura, que contrasta con una equilibrada nota alcohólica. La década del 2000 vio nacer algunos muy reconocidos en su tipo, como el Trapiche Profuso de Bodega Trapiche (elaborado a base de Malbec). Aunque la vanguardia en materia de vinos con azúcares llegaría a través de los llamados “apassimentados”. ¿Su secreto? La elaboración con uvas maduras en su punto justo, posteriormente deshidratas en paseras (tal como se hacen las frutas secas). Así, la uva pierde agua; siendo el sabor resultante propio de las uvas pasas.

Viejo y querido moscato

Los dulces son vinos que no suelen superar los 12,5% de graduación alcohólica y se elaboran con uvas sobre-maduras. De este modo, llegan a la bodega con más azúcar de la que pueden fermentar, adquiriendo aromas y sabores específicos. Desde que poblaron las góndolas, también han ganado su espacio en la sobremesa argentina. La mayoría son blancos, elaborados con Chardonnay, Sauvignon Blanc y Torrontés.

Moscato, pizza y fainá”, cantaba el grupo “Memphis La Blusera”…y recreaba así una tradicional escena porteña. El moscato (vino fortificado) supo ser la bebida más solicitada para acompañar a la pizza durante las noches urbanas, a la salida de los cines de la calle Lavalle o de los teatros de la avenida Corrientes. Vino estrella de los antiguos bodegones y pizzerías de la Capital Federal, fue poco a poco desplazado por la cerveza. Preferencia que marcó el pasaje de un sabor dulce hacia uno amargo, polarizando a sus actores en extremos opuestos. Sin embargo, el viejo y querido moscato está de regreso en la escena porteña… Y en sus cartas de bebidas. Revival para nostálgicos y amantes del buen sabor.

NO ME DIGAS!

  • La sopa inglesa, típico postre de bodegones y antiguas pizzerías porteñas, tiene un ingrediente que la hace única. ¡No sería la misma si su bizcochuelo no estuviese “mojado” con el clásico moscato!

QUE SE YO!

  • Vinos Argentinos, Raúl Riba D’ave, Ediciones Maizal, Buenos Aires, 2002.

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